Escritor Rivera Letelier presentó en nuestro país su última novela
Ave rara en el universo literario latinoamericano, Rivera Letelier (Talca, 1950) es hijo legítimo del desierto chileno, obrero por décadas en los yacimientos de salitre, hasta 1994 cuando «La reina Isabel cantaba rancheras» lo catapultó al éxito, premiada por el Consejo Nacional del Libro y la Literatura.
Desde entonces es «la persona más feliz del planeta que hace lo que quiso hacer siempre» y a la que encima «le pagan», dijo a ANSA.
«No me considero para nada un intelectual, soy un obrero al que de pronto se le ocurrió empezar a contar la historia de sus compañeros de trabajo, de su gente, de los trabajadores de ese desierto», afirmó Rivera Letelier.
Caballero de la Orden de Letras del ministerio de Francia en 2001, el chileno es uno de los nuevos escritores más leídos en su país y entre los más peculiares por su origen humilde, su formación autodidacta (sólo cursó estudios primarios) y su condición por años de minero «explotado como un perro», según manifestó.
«Himno del ángel parado en una pata» (1996); «Fatamorgana de amor con banda de música» (1998); «Santa María de las Flores Negras» (2002) y «El fantasista» (2006) son algunos de los títulos de las novelas que alumbró Letelier.
«Llevo nueve novelas contando y cantando al desierto, el salitre, la pampa y esta es la historia de una niña de 12 años en un pueblo que ya no existe en el desierto, que es un cementerio de pueblos muertos», contó el escritor sobre su nueva obra, atravesada por una de sus «obsesiones temáticas», las prostitutas.
Más que una reivindicación al trabajo de las meretrices lo suyo «es un canto de ternura hacia esas hembras que en ese desierto donde yo me crié, viví y trabajé 45 años fueron muy importantes, el único oasis posible para el hombre ahí», explicó el escritor, afincado con su familia en Antofagasta, a más de 1.200 kilómetros de Santiago, la capital que lo abruma con su ritmo «nervioso, histérico casi» de gran urbe.
Inmerso ahora en la producción simultánea de dos novelas el novelista reconoció a los padres del «boom» como sus influencias, en especial el mexicano Juan Rulfo, el colombiano Gabriel García Márquez y el argentino Julio Cortázar.
Decepcionado de la política, Letelier se aceptó igualmente de izquierda: «Soy zurdo de nacimiento, con esta carita no podría ser de derecha», señaló bromista, en alusión a sus rasgos duros, curtidos, enmarcados por un cabello ensortijado.
«Demasiada sensibilidad hace mal para alguien que quiere ser político», añadió el escritor, quien en 2005 peleó una diputación en Antofagasta hasta que, abrumado, se convirtió «en un anticandidato que hacía campaña para que no me votaran», recuerda risueño a la par que asegura que no volvería a intentar la experiencia.
«Me di cuenta que mi trinchera es la literatura», resumió.
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