Los singulares del arte
Hace pocas semanas, la muestra Límites, en el Cabildo de Montevideo, referida a los internados centros psiquiátricos, reveló un universo imaginativo de enorme significación expresiva. Arte Otro en Uruguay amplía esa línea, recoge antecedentes más o menos lejanos y reúne 34 creadores que, según el curador Thiago Rocca, «No los motiva el dinero. No anuncian ningún producto en venta. No pertenecen a ninguna escuela. No practican más estilo que el impuesto por su propia imaginación. Pero tienen algo para decirnos. Algo que no está en los museos. Y sus obras no pararán de decirlo hasta que nos detengamos a verlas y a tratar de comprender».
Arte Otro en Uruguay forma parte de un proyecto más extenso que intenta inventariar obras en el campo de la plástica (pintura, escultura, murales, intervenciones arquitectónicas) consideradas fuera de los cánones de la denominada cultura, con la intención de revalorizar la imaginación surgida de autodidactas, artistas ingenuos o domingueros, primitivos o simplemente excéntricos, contemporáneos o históricos, cuya producción transita, en cierta medida ajena, los circuitos tradicionales de difusión. En la ciudad suiza de Lausana, el pintor Jean Dubuffet, instituyó el Museo de L´Art Brut, o sea, arte en bruto, integrada por personas que viven o vivieron al margen de las conductas sociales y psicológicas aceptadas corrientemente: desconocidos iluminados, iletrados, amas de casa, alcoholistas, esquizofrénicos, ingenuos, jubilados, delincuentes. Quizá el rasgo común sea la falta de aprendizaje sistemático y el comienzo de la tarea en edad madura, como entretenimiento o pasatiempo. En Mercedes, Italia Riccordi, nieta del escritor Paul Bourget, copiaba candorosamente postales de cuadros. Lucho Maurente, pescador y obrero de la construcción en La Paloma, mantuvo un boliche en el puerto, levantado con sus propias manos, poniendo de cariátides sirenas marinas que atraían a la escritora argentina Silvina Bullrich, entre otros muchos visitantes ilustres. Magalí Herrera, polifacética, amiga de Juana de Ibarbouru, casada con un fotógrafo de una agencia de noticias china, resistía la denominación ingenua y afirmaba ser primitiva. Hoy, mantiene una sala exclusiva en el museo de Lausana. Otro caso conocido es el enfermero Cyp Cristiali, y su ingenioso recurso operativo de pintar con agujas hipodérmicas en un alucinante despliegue de formas abstractas cuidadosamente elaboradas. O el eterno retorno de Javiel Raúl Cabrera, Cabrerita.
Se agregan los nombres de Alvaro Ardao, Juan Arteaga, Luis Boerteiro, Oscar Caballero, Rafael Cabella, que hizo varias exposiciones en la Biblioteca Nacional y Galería de la Ciudadela, Rosa Cazhur de resonante atracción en Límites, Julio César Corone, Juan Carlos Cortese, Emiliano Custodio, Alberto da Rosa, Solbey Espasandín, Miguel Euguren, Epifanio Fernández, Alicia Ferrari, Carlos Pinki Fuentes, Alexandro García, Orfila Martins, Américo Masaguez, Francisco Matosas, Michael Meckert, Ergasto Monichon, con exposición en galería U, 1971, Juan Angel Palomeque, Alberto Panzardi, Miguel Pérez, Humberto Rigali, Adelino Silva, Angel Silva, Miguel Angel Tosi, revelado este año en Dodecá, Carmelo Vergalito y Guillermo Vitale.
Con similar metodología, Pintura ingenua uruguaya, en la Alianza Francesa, en 1977, hizo un relevamiento por todo el país y, aunque con algunas sorpresas agradables, luego trasladado a una galería específica en París, los resultados no fueron memorables.
La investigación de Thiago Rocca y Eloísa Ibarra será continuada y ampliada con la presentación del libro Arte Otro en Uruguay el año venidero. Fue ganadora de los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura.
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