"Ceguera": cuando el cine y la literatura se miran de reojo
Basada en una obra del portugués Saramago, es otro intento de unir los caminos de la literatura y el cine y como se sabe, en general, los resultados no están a la altura de lo esperado.
Los intentos de llevar al cine una exitosa novela son un abismo sin fondo, o sale bien (se ha dado pocas veces, quizá «A sangre fría», del desmesurado Truman Capote sea una rara excepción) o sale muy mal (como el caso de la vergonzosa «El amor en los tiempos del cólera» de Gabriel García Márquez).
Y los virus y las epidemias son visitantes habituales en el mundo del cine, también con resultados desparejos. Lo cierto es que Meirelles le tenía ganas a la novela de Saramago, «Ensayo sobre la ceguera», y le puso particular pasión, habló con el portugués y se dice que cuando la vio, el escritor premio Nobel salió llorando de la sala, se supone que de emoción.
La película cuenta con el habitual buen manejo visual del director, la palpitante fotografía del uruguayo César Charlone y pulso para arrancar bien con la historia. Pero el autor de «Ciudad de Dios» se queda en la superficie del tema político que plantea la novela de Saramago y no va más allá, no explora en profundidad las capacidades de algunos de sus personajes, es ahí donde comienza a flaquear, abusando de una voz en off que se empeña en explicar lo imposible.
Pero aún así no llega a ser una mala película gracias a un reparto bien elegido (el dinero de Hollywood tiene sus ventajas) donde la pelirroja Julianne Moore y los estupendos Mark Ruffalo y Danny Glover llevan el peso de la responsabilidad de la mejor manera posible sin trastabillar.
La anécdota gira en torno a una ciudad sin nombre que va cayendo en una arrasadora epidemia, una peste que provoca ceguera y que va generando las más hostiles y los más bajos comportamientos humanos. Allí en la novela hay una cirujana descripción, y en eso la película es acertada a medias, pero sin atreverse a ir más allá en los conflictos. Si resulta correcta la metáfora sobre el estado de situación de las sociedades actuales, donde la maldad parece ganarle el partido a la moral y a la rectitud.
Con ese esquema, en esa metrópolis a la que Montevideo contribuyó con algunas secuencias solo una mujer parece inmune a la epidemia (Moore) y ese será el secreto que mantendrá con su marido oftalmólogo, víctima de la enfermedad (Ruffalo) y deberán sobrevivir de la peor manera imaginable.
Aunque sin despegar, vale repetir que el elenco se encarga de mantener la tensión mientras la cámara nerviosa de Meirelles parece más preocupada en demostrar lo que sabe, por momentos pierde el control de la historia. Además de los ya mencionados está Gael García Bernal que cumple lo suyo sin transpirar demasiado.
«Ceguera» pretende más de lo que puede y una vez más queda claro que llevar un buen libro al cine es tarea dificultosa, por más talento que se tenga y ganas que se pongan. Suele ocurrir que la mejor película está dentro de la cabeza de cada lector que se enfrenta a una obra de la imponencia de alguien como Saramago. Es así de simple.
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