REM y Neil Young lo hicieron inolvidable
El campo de Polo fue el lugar elegido para este evento, en el que también tocaron decenas de bandas argentinas, compartiendo el escenario mayor con los principales artistas extranjeros (Beck y Oasis además de los anteriormente nombrados). En total hubo tres escenarios y una carpa –con aire acondicionado incluido– en el que las diferentes propuestas locales y algunas de otras nacionalidades hicieron sonar su música. Pero también fueron instalados patios de comidas, carpas con los más variados contenidos, desde computadoras conectadas a Internet hasta ciencias ocultas, pasando por una de arte y moda y otra de masajes.
El miércoles los responsables de abrir la programación del escenario uno fueron los Divididos, el trío liderado por los ex Sumo Ricardo Mollo y Diego Arnedo, que en esta ocasión fueron acompañados por una sección de cuerdas y varios invitados Divididos, uno de los mejores grupos del rock en español, estuvo demasiado pretencioso y olvidó que el público en su mayor parte había concurrido a ver los números extranjeros por lo que su set resultó bastante aburrido para gran parte de los presentes.
Beck
Luego fue el turno de quien es considerado uno de los genios de la música alternativa de los últimos años, el estadounidense Beck.
Gran expectativa había generado su presencia por primera vez en Buenos Aires y digamos que las cubrió a medias. El folk, el soul, el funk, el rock, el hip hop y otros géneros son pasados por la batidora de Beck, quien comenzó su set con la contundencia de Novacane, New Polution y Loser (su máximo hit por estas tierras), llamando la atención de los aproximadamente 20 mil concurrentes. Con altos y bajos, Beck interpretó canciones de sus 4 discos, encantando a la audiencia con la balada Debra. También hubo tiempo para Tropicalia, los bellos aires folk de Jackas y casi al final otro de sus hits, Where it´s at. Cerrando su concierto realizó una performance simulando un enorme caos, que todos entendieron preparatorio de otra canción. Sin embargo, allí mismo terminó el show, lo que le quitó puntos en la evaluación final. Igualmente Beck demostró que es uno de los grandes talentos de la música estadounidense.
REM
Si alguna duda cabía entre los asistentes que REM es una de las bandas más impotantes de los últimos 20 años, todas se disiparon luego de su recital. El grupo de Athens (Georgia-EEUU) desde hace dos décadas viene realizando un cancionero de lujo, acompañado de una independencia artística que dignifica aún más su obra. Poder disfrutarlo sobre un escenario fue inolvidable y quedará entre los mejores conciertos de esto que llaman rock que haya llegado a Buenos Aires. El carismático vocalista de REM, Michael Stipe, logró un contacto de ida y vuelta con el público que seguramente cualquier frontman envidiaría. Sedujo y se dejó seducir, emocionó y se mostró emocionado, acompañado brillantemente por sus colegas y músicos invitados. No faltaron clásicos como Losing my Religion, Everybody Hurts y The One I Love, entre los tantos que la banda compuso. También hubo dos estrenos de lo que será su próximo disco, las canciones She Just Want to Be y The Lifting.
La lluvia se largó en el medio del concierto de REM pero fueron muy pocos los que decidieron partir, embelesados por lo que estaban disfrutando. Stipe, conectado de lleno con todo lo que sucedía, ensayó espontáneamente unas estrofas de Have You Ever Seen the Rain de los Creedende, celebrando la calidez del público porteño.
Volvieron por los bises, despidiéndose con una vieja canción de su autoría, It´s the End of the World as We Know It (Es el fin del mundo tal como lo conocemos). Con REM sobre el escenario brindando su música pareció que era así y que era para bien.
Oasis
Los Ratones Paranoicos abrieron la actividad en el escenario principal el jueves, bajo una intensa lluvia que poco a poco fue parando. Y lo de este conjunto –suerte de émulos argentinos de los Rolling Stones– fue totalmente para el olvido.
Posteriormente fue el turno de quienes convocaron a la enorme mayoría de los aproximadamente 15 mil espectádores que se dieron cita el jueves: Oasis. La polémica banda británica liderada por los hermanos Noel y LIam Gallagher (guitarra y voz) subió al escenario con su clásica imagen de desgano, de fácil irritabilidad y poco contacto con el público.
Los hermanos Gallagher en vivo tocan como si fuera un sacrificio hacerlo y no un placer. Dan la sensación de estar tan seguros que son la mejor banda del mundo que ni siquiera hay la necesidad de demostrarlo en sus conciertos, lo que sin duda hace que muchas de sus muy buenas canciones pierdan contudencia y emotividad.
Neil Young
Cuando un artista mayor toca después de otros que creen serlo y que sólo han recorrido parte del camino, las diferencias se hacen más notorias. Ese fue el caso de Neil Young luego de Oasis, quienes atentamente desde un costado del escenario siguieron la performance de uno de los grandes nombres de la historia del rock.
Lo de Neil Young (57 años) fue sencillamente imbatible, y junto con la visita de Lou Reed, hacen que dos de los compositores más importantes del ultimo cuarto de siglo hallan visitado el Río de la Plata en los últimos meses, un privilegio difícil de repetir. Young arribó a Buenos Aires junto con su banda Crazy Horse (Poncho Sampedro en guitarra, Billy Talbot en bajo y Ralph Molina en batería), parte importante de la magia que sale del escenario. Ver y escuchar a estos cuatro veteranos rockeando es un absoluto deleite para los sentidos, su entrega es tan fuerte como natural.
La lluvia volvió a caer con nuevos bríos durante la presentación de Young y por ello fueron pocos los privilegiados que asistieron a esta parte de la ceremonia, y el músico no fue ajeno a que quienes allí se quedaron realmente eran seguidores de su obra. Por eso no faltaron clásicos como Like a Hurricane; Keep on Rockin´ in the Free World o Hey Hey, My My y dos generosos bises –entre los que estuvo The Needle and the Damage Done solo con su guitarra– muy festejados por la poquísima gente que quedaba en el campo de Polo. Para el final del concierto hasta la lluvia había cesado y los rostros reflejaban gestos de relajada alegría y satisfacción. No era para menos.
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