ELEMENTAL: LA RISA NO LLEGA CON FRITOS
Esperado como un parto. Sale ahora, sale después, sale luego de después. Salió el domingo. «Telemental» por Teledoce.
Previamente hay que precisar que la televisora tuvo la gentileza, a través de sus relaciones públicas, de invitarnos a estar presentes en el primer programa, lo que es un gesto enaltecedor por lo que estamos agradecidos. Pero un producto televisivo debe verse no en una platea sino ante un aparato de una veintena de pulgadas por lo que la opción fue quedarnos en casa y a solas seguir lo que pasaría.
El nombre del programa es un desafío. Exige inteligencia para salir directamente a competir con otros iguales de aquí y de enfrente.
La propuesta insinuaba diferencias. A la cabeza tiene a Rafael Villanueva, un conductor con muchos años de trabajo ante las cámaras. Le recordamos desde «Dale con todo», «Cerrá y vamos» y «Planta baja», en los que había mostrado desenvoltura y ductilidad para dejar atrás la pasividad habitual.
En este primer programa del domingo 9 los antecedentes se justificaron ya que movió naturalmente su participación, aunque podría criticársele aflojamientos en su papel de conductor. Como su Sancho Panza presentó a Rafael Cotelo, otro joven que le sirve de apoyo y por momentos parece que quiere asumir el rol protagónico, papel que todavía no está dentro de sus posibilidades.
Ser televidente es un vicio como tantos por lo que se requiere una mayor severidad aunque ello puede llevar a injusticias por lo prematuro del juicio. Hay muchos puntos flacos, sin que el resultado sea descalificador, más bien mejorable y con futuro válido.
Uno de los puntos flojos es el abuso de gritar todo lo que se dice, como si el humor no pudiera llegar con calma sino a trompada limpia. Alguna vez alguien dijo que la razón no es más fuerte porque se diga a gritos.
El contenido contó con varios buenos. Hubo numerosas ocurrencias, retruécanos jugosos, chistes que, a veces, solo a veces, se debilitaron por ser apurados y así perdieron eficacia por la celeridad y esa vocalización que se acercaba mucho a la confusión y al desorden. El ritmo, en esos vaivenes, superó los defectos. Pero aquí se vislumbró cierto ingreso en el manipuleo político. Cierto es que los políticos oficialistas siempre han sido los nervios motores del humor pero, no hay que exagerar por el riesgo de transformar todo en un panfleto blanco con muchos legisladores del partido opositor.
Lo mejor del programa estuvo en las notas exteriores en las que se lució Mariana Da Silveira, una chica que entró en la presentación de Jorge Larrañaga en W. Lounge y allí hasta hizo bailar a Jorge Gandini, duro criticón de similares reacciones de autoridades que bailaron o cabalgaron en otras ocasiones.
Aguda, ingeniosa, ocurrente en palabras y con buen manejo de su rostro supo también meterse en una mateada con Pepe Mujica en la que habló de segundas vueltas al mate sin mostrar agresividad alguna.
Otro de los movileros, Diego Wairub, recorrió el Palacio Legislativo con aceptable
destreza pero luego se le vio en Buenos Aires, entrevistando a participantes de «Bailando por un sueño», que si bien tuvo como base a uruguayas no dejó de ser lo mismo que se ve cada tarde en «Los profesionales de siempre» o «Intrusos del espectáculo».
La participación de Mariano López, como informador serio, fue la más floja porque se cargaron las tintas por el simple gusto de enchastrar ya que lo directo no es igual a lo sutil.
Apretar los frenos, ponerse los cinturones de seguridad y andar más tranquilos puede ser la solución a este programa que llega a final de año, en mala época, parecería.
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