Estudio. Una indagación sobre las raíces del sentimiento de vergüenza

Vincent de Gaulejac presentó en nuestro país su último libro

De Gaulejac se doctoró en Ciencias Sociales, Ciencias de las Organizaciones y en Letras en la Universidad de París. Es director del Laboratorio de Cambio Social de la Universidad París VII y presidente del instituto Internacional de Sociología Clínica.

Ha escrito más de veinte libros entre los que se destacan: «La neurosis de clase» (1987), «El costo de la excelencia» (1993, coescrito con Nicole Aubrey) y «La lucha por los lugares» (1994).

«Las fuentes de la vergüenza» es la primera entrega de la colección Sociología Clínica. En abril de 2009 se editará «Neurosis de clase. Trayectoria individual e identidad social».

­¿Por qué se decidió a escribir sobre la vergüenza?

­Hay razones personales, teóricas y clínicas. Las personales si el lector las quiere conocer, no tiene más que leer la introducción del libro. Las razones teóricas pasan por el asombro de que, por un lado, el psicoanálisis se preocupa más de la culpa que de la vergüenza y, por otro, que la sociología considera que la vergüenza es un problema psicológico. Entonces, la vergüenza es cien por ciento psíquica y ciento por ciento social, ahí se ponen en cuestionamiento las barreras de las disciplinas. Globalmente el psicoanálisis la ve a través de la culpa y el tema de la sexualidad, mientras que para mí es un sentimiento fundamentalmente social. Ligado a procesos de invalidación, descalificación, humillación que encontramos en las instituciones, en las familias, o en la sociedad. Por último, las razones clínicas se plantean cómo ayudar a aquellos que viven la vergüenza sin enviarlos a una terapia como si fueran enfermos. Yo trabajé como educador de calle, con jóvenes de sectores carenciados y era como si la vergüenza estuviera en el corazón mismo de estos jóvenes. Queriendo comprender por qué, entendí que estaban situados en una contradicción. La sociedad les pedía que se insertaran para transformarse en buenos ciudadanos como todos los demás y, al mismo tiempo, los trataba como inadaptados, discapacitados sociales. ¿Cómo iban a querer insertarse en una sociedad que los estigmatizaba? Esa es una de las razones por las que yo quise trabajar sobre este sentimiento.

 

­¿Es duro hablar sobre este tema?

­La vergüenza por definición produce mecanismos de defensa y en particular la negación. Es un dolor psíquico tan intenso que, para escapar de él, la gente dice «prefiero morirme de vergüenza». En el plano psicológico hay un desgarramiento interior, hay una parte de uno mismo de la que se tiene vergüenza y de la que uno quisiera desembarazarse. Este dolor está provocado por la mirada del otro, es el proceso de invalidación, estigmatización del otro. Para evitar la vergüenza no voy a confrontar ciertas situaciones para así dar una buena imagen, para corresponder a lo que se espera de mí. Una de las razones por las cuales escribí este libro, es para poner en palabras aquello que mucha gente no logra decir, y ayudar a comprender cómo todos estamos habitados por el sentimiento, porque cuando logramos hablar de nuestra vergüenza en alguna medida la estamos elaborando y ya tenemos menos.

 

­¿Es un sentimiento indisociable del ser humano?

­Aquel que no lo siente, en algún lugar sale de la humanidad. En el momento de la liberación de los campos de concentración, al final de la Segunda Guerra Mundial, eran los detenidos los que sentían vergüenza y no los verdugos. ¿Por qué pasó esto? Primo Levi dice que estábamos avergonzados de habernos aproximado a aquello que es de lo más abyecto en el ser humano. Es un sentimiento que está en el fundamento, en las bases mismas del vínculo entre los humanos. Quisiéramos desembarazarnos de él pero, al mismo tiempo, es algo muy precioso, porque permite comprender aquello que está en el centro de los seres humanos, en el corazón del ser del hombre, de la existencia.

 

­¿A quién está dirigido su libro?

­A aquellos que están habitados por el sentimiento de vergüenza, el libro puede servirles para que lo comprendan. También está dirigido a docentes, psicólogos, terapeutas, sociólogos, trabajadores sociales, todos los profesionales que tienen que ver con el vínculo social, y acompañan y ayudan a quienes están sufriendo.

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