Concierto. Será el sábado próximo en el Teatro Solís

El milanés Stefano Bollani vuelve a brindar un recital en Montevideo

Bollani fue calificado por la revista Downbeat, de referencia en el género, como octavo entre los nuevos talentos del jazz y tercero en la lista de mejores pianistas del momento. Piano solo, técnicamente impresionante y con actitud irreverente, como cuando tocó en una favela de Río emulando a Antonio Carlos Jobim.

Stefano Bollani no cree que el repertorio sea todo. Quienes busquen una coherencia en sus elecciones saldrán confundidos. Música de Prokofiev, Brian Wilson (sí, el Beach Boys), un tango, un bolero o un ragtime. Todo vale si lo estimula, si halla la forma de tocarlo. Y ese estilo es el que lo ha hecho figura frecuente de la RAI 3, invitado carismático que deslumbra y entretiene. Rulos bufonescos, barba rala y réplica aguda se sumaban a un talento que propulsó su carrera desde sus 15 años de edad. El comunicativo Bollani, hoy de 36, responde que eligió el piano de casualidad, simplemente porque en su casa había un teclado. Soñando con ser una estrella del pop, pasaba el día frente al espejo ensayando canciones de moda. Quería cantar y desde los seis años recibía lecciones de piano.

Un buen día escuchó a Charlie Parker. El jazz se había cruzado en su camino, torciendo bastante sus ambiciones. Fue por consejo de Renato Carosone, a quien le había enviado una grabación casera. El artista escuchó el cassette y respondió la carta recetando dos palabras clave: blues y jazz. A los 11 se inscribió en el Conservatorio de Florencia Luigi Cherubini, donde se diplomó en 1993. Tocando ya profesionalmente, alternaba las presentaciones con los seminarios en Siena Jazz.

En 1996 conoció a Enrico Rava. «Sos joven, no tenés una familia. Tomá el riesgo, dejá el pop y dedicate full time a lo que te gusta», le dijo. Palabras más, palabras menos fue lo que Bollani le repitió a Jovanotti, abandonando su gira. Siguiendo los pasos de su mentor Rava, el joven milanés fue reconocido en 1998 como Mejor nuevo talento por la revista Música Jazz. Dirigió su Orchestra del Titanic, con la que grabó para el sello Via Veneto, registró discos como Abbassa la tua radio (Bajá tu radio), inspirado en temas populares de la canción italiana de los años 30 y 40, y Guarda che luna! (¡Mirá qué luna!), dedicado a Fred Buscaglione. Junto al quinteto de Rava realizó tours que lo llevaron hasta Japón, donde llegó a integrar el catálogo del sello local Venus Records. La más prestigiosa revista de jazz de aquel país, Swing Journal, le entregó el premio New Star en 2003. Era la primera vez que un europeo recibía esa distinción. En Nápoles, en setiembre de ese mismo año, le acreditaban el premio Carosone, habitualmente otorgado a cantantes.

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