El coleccionista de huesos

Registro meticuloso de crueldades

Esta producción titulada El coleccionista de huesos (The bone collector), no escapa a esas intenciones donde sadismo, asesinos en serie y pistas jeroglíficas se dan la mano para impactar plateas hipnotizadas por perversiones limítrofes.

La idea original posee su atractivo y reside en la combinación de una hermosa policía (Angelina Jolie) y un genial especialista de la policía técnica forense (Denzel Washington), que sufre un estado cuadrapléjico a causa de un terrible accidente laboral en una investigación. Enfrentado a un diabólico criminal, el inteligente profesional –en estado semivegetativo–, deberá unir fuerzas con la astucia y desenvoltura de la joven agente del orden en un intento por atrapar al brutal homicida que mata sin piedad según un extraño código a descifrar. Aquí, en el armado de puntuales secuencias donde una voz microfónica informa sobre hallazgos macabros y la imaginación del público juega en base al armado de atmósferas tenebrosas, el largometraje concentra cierto grado de fascinación y suspenso alternativo.

Para concretar estos logros, el director Philip Noyce estructura cuidadosamente el montaje de cada escena, alterna rostros crispados, muertes truculentas y pantallas de computadora que registran, aumentan y decodifican cada pista como un puzzle incompleto. Sin embargo, buena parte del público puede experimentar un relativo grado de saturación frente a tanto despliegue adrenalínico; ese registro meticuloso de crueldades (cuerpos calcinados, desmembrados o devorados por ratas), se eleva a niveles de paroxismo más gratuitos que necesarios y termina fatigando hasta el desgaste un filme que, en principio, sugería un desarrollo más prometedor.

Pero este tropezón no resulta el único. En ese armado de relojería con que el largometraje se involucra, más de un espectador atento puede detectar ciertos elementos (léase personajes) que, en principio, no ocupan un lugar específico ni agregan (aparentemente) nada al argumento. Muchos viejos cinéfilos del género policial ya saben que –según el esquema narrativo clásico de los filmes estadounidenses–, nada sobra en un montaje de serie negra y cada plano recupera su sentido en la resolución del enigma. Esta característica muchas veces resulta una virtud aunque, en este largometraje en cuestión, puede significar un acertijo cantado que anticipa identidades asesinas, por más que uno quiera hacer la vista gorda. Por este traspié es muy posible que algunos intuitivos adivinen el enigma, a los quince minutos de comenzada la película, a pesar de alguna que otra pista falsa que el argumento va diseminando distraídamente a lo largo y ancho del relato.

Pero lo que en realidad importa subrayar es que El coleccionista de huesos apela a una morbosidad de taquilla, es la cáscara superficial que pretende levantar vuelo a la sombra de otros títulos que lograron fusionar climas y contenidos en forma efectiva. En este caso, la producción se queda en la superficie, en el armado de un mundo pesadillesco, la atmósfera tenebrosa y el carácter lúdico de pistas inverosímiles que sólo Sherlock Holmes en sus momentos más lúcidos podría interpretar.

Pero como decía Alfred Hitchcock: «Sólo se trata de una película».

El coleccionsita de huesos. Dirigida por Philip Noyce. Producida por Michael Bregman. Guión de Jeremy Iacone sobre libro de Jeffery Deaver. Música: Craig Amstrong. Fotografía: Deam Semler. Con Denzel Washington, Angelina Jolie, Michael Rooker y Queen Latifah.

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