Arthur C. Danto

Después del fin del arte

El anuncio del fin del arte no es nuevo. Desde el escritor romano Petronio en el Satiricón hasta el filósofo alemán Hegel en su Estética, la existencia o sobrevivencia del arte fue, muchas veces, cuestionada. Los argumentos siempre han sido diferentes, desde la simple afirmación circunstancial a una tesis reflexiva. En el siglo XX hubo varias personalidades que se refirieron al tema. Los menos citados, a pesar de su importancia, fueron dos. Por un lado, el escritor inglés D. H. Lawrence que, además de escandalizar la moral victoriana de los años veinte con El amante de Lady Chatterley, fue pintor y ensayista y afirmó: «Todo lo que era susceptible de ser pintado estaba ya pintado y cada pincelada que pudiera trazarse en el lienzo había sido dada». Es decir, la pintura murió. Oswald Spengler en Decadencia de Occidente, por la misma época, sentenció: «Todas las artes –no las obras singulares, sino el arte en su conjunto– son mortales. Llegará el día en que el último retrato de Rembrandt deje de existir, pues aunque la tela pintada quede intacta, habrá desaparecido el ojo capaz de percibir esta forma de lenguaje», en una asombrosa anticipación de las imágenes tecnotrónicas y las teorías de Paul Virilio.

Menos citado aún es Jorge Romero Brest. El mayor crítico de arte latinoamericano, desde el Instituto Di tella de Buenos Aires, en la removedora década del sesenta, y aquí mismo en Montevideo, insistió en los cambios de paradigmas estéticos y con talante polémico decretó el fin del arte y de la pintura «porque se produjo un desfasaje entre los mensajes y los medios, entre lo que la pintura, el arte todo, debe decir y cómo lo debe decir». Así como en sus cuatro volúmenes de Historia de las artes plásticas (1945-58) coincidió con la de Ernest Gombrich, y si bien la visión del argentino fue más totalizadora y aguda que la del historiador austríaco-inglés, el ser publicada sólo en español fue relegada al olvido como sus textos posteriores sobre el destino del arte. El estudio del pensamiento de Romero Brest es una asignatura pendiente que habrá que saldar a la brevedad.

Hace algunos años que Arthur C. Danto viene acaparando la atención de los círculos especializados artísticos. Pintor y filósofo, vivió en París en los años cincuenta y allí recibió el impacto de Roy Lichtenstein a través de reproducciones de la revista Art News. Abandonó el interés por la práctica artística y se dedicó a la filosofía hasta el año 1984, cuando comenzó a ejercitar la crítica de arte en The Nation. Antes, tuvo otro encuentro decisivo para sus reflexiones filosóficas sobre el arte: ver la obra Brillo Box de Andy Warhol en la Galería Stable de Nueva York, en 1964. «Fue un momento muy excitante –escribe en Después del fin del arte–, tan sólo porque toda la estructura del debate que había definido la escena del arte en Nueva York hasta ese momento, había dejado de tener aplicación. Se requería una teoría enteramente nueva y diferente de las teorías del realismo, de la abstracción y del modernismo»(página 137). Lo que lo sacudió en el pop-art, como filósofo, fue «la forma en que subvertía una antigua enseñanza, la de Platón, quien notoriamente relegó el arte, construido miméticamente, al último escalón inimaginable de la realidad» y se dio cuenta que los artistas habían empezado a cerrar la brecha entre el arte y la realidad. Su pensamiento empieza a indagar sobre la diferencia entre una obra de arte y algo que no es una obra de arte aunque ambos parezcan semejantes. La respuesta la encontró en que la historia del arte, estructurada narrativamente, había llegado al final. La pintura «ya no era el vehículo principal del desarrollo histórico, era ahora uno de los medios posibles dentro de la diversidad de medios y prácticas que definían el mundo del arte, que incluía instalaciones, performances, videos, computadoras y varios medios combinados, sin mencionar trabajos en la tierra o pintura sobre el cuerpo, lo que yo llamo arte objetual, y gran cantidad de arte que anteriormente había sido estigmatizado como artesanía en forma denigrante» (página 148).

El libro Después del fin del arte es el resultado de once conferencias (que corresponden a los once capítulos) dictadas (es decir, leídas, el término es rigurosamente académico) en la National Gallery de Washington en la primavera de 1995 y en oportunidades anteriores. Sus ideas coincidieron con las del alemán Hans Belting, sin conocerse mutuamente. El libro «está destinado, escribe en el prólogo, a la filosofía de la historia del arte, la estructura de las narrativas, el fin del arte, y los principios de la crítica de arte». Su lectura es muy incitante y una vez abierta la primera página del primer capítulo es difícil interrumpirla. El formidable bagaje cultural de Dalton, la precisión del lenguaje y su accesibilidad, la temática amplia y de urgente actualidad que despliega, con excesiva dedicación a Clement Greenberg, su maestro en la crítica de arte, al que refuta en su incomprensión del arte actual, hacen sumamente gratificante sus ideas (menos novedosas de lo que su ostensible ego supone) diseminadas con celeridad en muchos países. Es de esos pocos textos indispensables que se publican en la actualidad, ya sea para compartir o disentir, y que sirven al teórico del arte y al propio artista. Es cierto que otorga mucha importancia al pop-art, cuando hay consenso que la gran ruptura con la tradición de lo nuevo se produjo con la emergencia del arte conceptual y la reactualización de Marcel Duchamp, una década después. De cualquier manera, las discrepancias son bienvenidas porque estimulan la reflexión sobre cuestiones del arte y su destino y permiten una toma de decisión más lúcida en torno a esos problemas.

La traducción de la uruguaya Elena Neerman es por momentos excelente y en general meritoria, con pequeños lunares subsanables (En la página 69, segundo párrafo, debe leerse necesidad escultórica y no escultural y en la 186 falta la traducción de Golden Bowl, la novela de Henry James, que en español es conocida por La copa dorada). La misma Editorial Pailós publicó otro libro de Danto: Historia y narración, una selección de los capítulos fundamentales de Historia de la filosofía analítica (1965, fecha de la primera edición en inglés), que complenta el conocimiento de sus ideas pues como dice Danto: «Nos leemos unos a otros como libros, aprendemos unos de otros como una segunda lengua. Justamente debido a este modelo comprendemos el pasado de los hombres».

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