CONVERSACIONES EN LA TARDE
No la de los culebrones que suelen ser tremendas historias sobre sufrimientos y parentescos ignorados. Teledoce parece intentar con Esta boca es mía, dejarnos sin siesta ya que hasta ahora, desde hace muchos años, los canales privados optaron por cubrir sus tardes con esas novelas de colombianos, mexicanos, chilenos, argentinos o brasileños, las que solo tenían la ventaja de ser muy baratas para su exhibición y muy caras para aguantarlas.
Desde hace un par de años, algo había movido esas desgracias que siempre terminan con los malos en su lugar y los buenos en un final con casamiento muy lujoso, de esos divinos, de cola muy larga en la novia, con autos de media cuadra, como para llevar a todo un familión, y con ese saldo de llorar, pensando en lo que había pasado décadas atrás cuando se dio el mal paso en casa. Lágrimas como objetivo.
Lo que ahora estaba compitiendo con esos telenovelones, fue «la tinellización» de los programas argentinos. Marcelo, que tiene mucho de gritón, ordinario y guarango, sabe dominar sus espectáculos y así los tiene a la cabeza de las encuestas pero, además, provocó un efecto ¿impensado?, el de abrir las puertas para programas en la tarde que tienen como centro repasar todo lo hecho en los «Bailando» o «Patinando» con el aditamento de mayor tontería y con esfuerzo de llegar al fin de la semana con más palabras de uso bien sucio y con dudas sobre virilidades, cornudeces, ataques injuriosos sobre supuestos compañeros, todo disfrazado de ser espontáneo, nunca, nunca vaya a pensar que todo está libretado, algo quizás no, algún insulto quizás se les haya escapado.
Décadas atrás, en nuestros canales podían verse tarde de programas periodísticos, y en ese mismo canal Néber Araújo en las tardes con En vivo y en directo junto a Julia Moller. Pero eso se fue perdiendo, olvidándose que la realidad y lo cotidiano de lo nuestro importa más que las ficciones caribeñas o porteñas. No todo mal dura cien años, dicen, y Teledoce quiso ingresar con un quiebre de lo importado. No es un formato que pueda decirse nuevo, eso no quita la validez. Se trata de lo que los yanquis llaman «talk show», un espacio para charlar que hizo famoso Oprah Winfred y que luego siguieron tantos otros. En Argentina, muy dada a aprovechar lo que en otros mundos da resultado, estuvo hasta hace poco Moria Casán, lo que garantiza el altísimo nivel de mediocridad. Aunque no todos fueron tan burdos.
Las reglas son casi siempre las mismas. Tener una conductora que además de ser linda tenga fluidez y experiencia para capear temporales, porque lo que importa es encontrar un tema con fuerza y pueda recorrerse con soltura aspectos de discusión fácil, con algo de morbo, a través de temas que irá desarrollando junto a un panel de orígenes diferentes que aseguren ser representativos de algunos de los televidentes.
Entre las figuras que son consultadas está Julio Toyos, un periodista con muchos años de pelearse con todos y de pedir siempre su turno, con el dedito hacia arriba, que es aceptado por los televidentes, pese a sus irónicos gestos y aplausos. También está Silvia Novarese, una actriz que aprueba su presencia. Beatriz Argimón, buena charladora pero con el déficit de su discurso politizado. Daniel Lucas, que alguna razón habrán tenido los productores para ponerlo allí pero que desconocemos. Y un poco conocido Damián Coalla, que por lo visto, es de los más prometedores.
Victoria Rodríguez, como responsable principal, como conductora cumple con creces las dificultades y tiene capacidad para lidiar con sus panelistas y con un público que acompaña y así ha superado temas peligrosos, como si uno le diría a sus padres que es gay, si la fidelidad debe aceptarse o no, si los perros deben eliminarse porque algunos han mordido mucho, si está bien o mal que uno sea hijo de un famoso, si hay discriminación por ser feos, enanos, gordos y tantas cuestiones que, antes, siempre antes, eran tratadas en horarios nocturnos, para evitar la presencia de niños que no comprendiesen cabalmente aquello que se discutía.
La productora, Contenidos TV, desde hace años asociada a Teledoce en buenas ideas, tomó coraje y decidió aceptar el reto de intercalar entre tanta chatarra vespertina algo uruguayo que penetre en ese dominio extranjero. Pero, cuidado.
No es fácil ganar «rating» en esa hora y está latente el riesgo de cruzar hacia líneas de escándalo. Esperemos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad