Doce años después de Zitarrosa
El año pasado, sobre el mes de diciembre, el sello discográfico Bizarro-Warner editó en disco su último recital, que tuvo lugar en Santiago de Chile.
Por otra parte, desde hace varios meses, un tramo de la avenida costanera de la capital argentina lleva el nombre del cantautor uruguayo. En esa ocasión, al homenaje que le fue tributado asistieron el jefe del gobierno de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, y el intendente de Montevideo, Mariano Arana, actuando varios músicos uruguayos y argentinos, entre ellos, Lágrima Ríos, Yamandú Palacios, Isabel Mendoza, Nancy De Vita, Nacha Roldán, Yabor, el Cuarteto Zitarrosa y Juan Pablo Greco.
Zitarrosa grabó la mayoría de sus discos en Buenos Aires y desarrolló buena parte de su carrera en Argentina. El tramo de la costanera sobre el río de la Plata que lleva el nombre de Zitarrosa está frente al espigón del Club de Pescadores, junto al Aeroparque de Buenos Aires.
En su juventud Zitarrosa trabajó en múltiples oficios hasta que su privilegiada voz, su clara dicción y su perseverancia le ubicaron como uno de los locutores más destacados de la radiotelefonía nacional. Lector empedernido, sus inquietudes artísticas le llevaron a incursionar en el arte dramático debutando, a los 22 años, en la obra «La piel de los otros», del dramaturgo compatriota Juan Carlos Legido, bajo la dirección escénica de Ruben Castillo. Un año después, en 1959, triunfó en el concurso municipal de poesía inédita.
Su debut en público como cantor fue en el año 1964 en Perú e inmediatamente grabó su primer disco, un doble que reunía cuatro canciones: «Milonga para una niña», «Mire amigo», «El camba» y «Recordándote».
A partir de allí el éxito le acompañó permanentemente, su popularidad creció día a día, dejando para el acervo popular composiciones que serán recordadas por siempre, entre ellas «Doña Soledad», «Milonga de ojos dorados», «Coplas al compadre Juan Miguel», «El violín de Becho», «Si te vas», «Pal que se va», «El candombe del olvido» «Adagio a mi país», «Stefanie», «Adios Madrid» y muchas otras, junto a esa obra inmensa que es «Guitarra negra». Muchas de estas canciones son fruto del exilio al que debió partir en 1976 perseguido por la dictadura uruguaya. Un exilio que en su caso fue superlativamente doloroso ya que– según sus propias confesiones– nunca logró adaptarse ni a la sociedad mexicana ni a la española, dos naciones que lo cobijaron generosamente y en las cuales transcurrió su mayor tiempo en calidad de exiliado.
El 31 de marzo de 1984, en el marco de un operativo de desexilio que traería de vuelta a la patria oriental a varios artistas (Daniel Viglietti, El Sabalero José Carbajal, Los Olimareños, Mario Benedetti y a los integrantes del teatro El Galpón, entre otros) Zitarrosa regresó al seno de su pueblo, y fue el primer músico en retornar. El recibimiento en el Aeropuerto Internacional de Carrasco fue apoteósico y, en medio de una inmensa caravana de vehículos, el artista llegó finalmente a la sede de AEBU (Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay), ubicada en las calles Camacuá y Reconquista, en donde entre miles de uruguayos que fueron a recibirle, se reencontró con familiares, amigos y colegas.
El 17 de enero de 1989, su corazón cesó de latir en la sala de tratamientos intensivos de la mutualista MIDU, ubicada en la Avenida Garibaldi y Walcalde, casi frente a la redacción de LA REPUBLICA.
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