En escena. Obra de Rafael Spregelburd, en Espacio Teatro

La tiniebla: coloquio de dulces  fantasías y educados horrores

Escritura que casi no tiene similar entre los autores de esta época, de una fantasía colorida y espontáneamente audaz, de un humor tan amable como original y de una comunicación inmediata y límpida con actores y platea, la variedad y complejidad del cambiante espectro de sus intereses y temas lo hace parecer no ya como uno, sino como varios autores en una sola persona.

De la combinatoria mercurial de «La estupidez» a las complejidades de «La extravagancia», «La modestia» o «Raspando la cruz», Spregelburd ha mantenido una claridad de expresión y propósitos y aún una transparencia que hace sus obras, sin perjuicio de su densidad, de fácil acceso y mejor impacto en el público.

Por motivos que valdría la pena indagar y discutir, Spregelburd se ha convertido en un autor predilecto de nuestros jóvenes. «Uh uh…hago Teatro», con «Pánico» lo ha elegido, casi, como una definición o una bandera; ahora estos jóvenes, provenientes del teatro de La Gaviota y que parecen tender a la formación de un grupo, lo han considerado, para sus segundos o terceros pasos en las tablas, una buena alternativa para airearse de los «clásicos» del llamado «grotesco» rioplatense.

«La tiniebla» roza los grandes temas de hoy, como el confinamiento, la cárcel, la extraña sumisión, la vida sin esperanzas y al mismo tiempo sin drama ni horror. La atmósfera es la de una tragedia liviana, la de un melodrama aéreo o un gran guiñol presentable, si se nos permite la expresión. Las interrogantes eternas no inquietan ya: el autor se refiere a aquellos grandes temas como un diestro torero que no deja ningún resquicio a los embates del filo de la vida.

La puesta en escena de Javier Tió va a lo esencial de Spregelburd dentro de las posibilidades (y problemas) de Espacio Teatro, en particular la extrema cercanía del público; ha logrado de los actores una interpretación desenvuelta, segura, medida y acorde con sus personajes. De una ya larga actuación en La gaviota, destacaremos a Gabriela Guev, cuyo secreto y su actual capital escénico está en la expresiva mirada, y que supo llevar airosamente un atuendo variable, en el papel de Qarina, una seductora múltiple.

LA TINIEBLA, de Rafael Spregelburd, con Sebastián Serantes, Carlos Lissardy, Rossana Ramón y Gabriela Guev. Escenografía y vestuario de creación colectiva, luces de Adrián Romero, música de Folie à tríos, dirección de Javier Tió. En EspacioTeatro. Mercedes 867.

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