El español Loquillo se presentará hoy en el marco del Ancel Fest
A Loquillo se le ve relajado y feliz; un estado anímico que muchos entenderían opuesto al líder por excelencia de los «potros salvajes» del rock español. Pero no. José María Sanz, alter ego de Loquillo, es ahora el hombre tranquilo (por fuera) que lleva (por dentro) la fuerza de un animal salvaje.
Prueba de ello es que lleva treinta años en la carretera sin apenas desgastarse. Se reinventa en cada disco y todavía es capaz de editar álbumes que emocionan, dicen cosas que deben escucharse con atención, como ‘Balmoral’, su última producción.
Su banda actual la conforman Jaime Stinus (leyenda de la guitarra en España), el también guitarrista Igor Paskual, la bajista argentina Laura Gómez Palma, Mario Fueyo a los teclados y Laurent Castagnet en la batería. Según la crítica, es uno de los mejores grupos de rock que en la actualidad pueden verse en España.
Se le ve ilusionado por tocar en Montevideo.
Sí. Para mí es una especie de cuenta pendiente que tengo con este país y que espero saldar con gusto. ‘Cadillac solitario’ tuvo aquí un éxito extraordinario y en nuestra anterior visita, comprobé que mucha gente conocía nuestras canciones. El público sabe lo que es el rock, lo entiende y tiene una actitud mucho más roquera que, por ejemplo, en España, donde este género ha desaparecido prácticamente de las emisoras de radio. Por lo tanto, actúo en un sitio donde me entienden y les gusto.
¿Por qué esa diferencia?
Creo que es una cuestión de orgullo. No están colonizados por los ingleses. El rock patrio es más importante que el de los anglosajones. El público es culto e identifica muy claramente lo que es el pop, la música más o menos bailable y lo que es el rock.
Balmoral es el nombre de un famoso bar de Madrid, ¿por qué ha elegido ese nombre para su disco?
Supone un homenaje a un estilo de vida y a una forma también de entender la propia vida. Allí quedaban poetas, actores… Era uno de esos locales donde no ponían música y se podía hablar hasta que bajaban la persiana. Cerró por la especulación inmobiliaria, así que también es una crítica de cómo el afán de negocio devora los espacios de la cultura y el arte.
¿Cómo está funcionando?
Bien. No en vano, en ‘Balmoral’ se han invertido tres años de trabajo, mucho dinero y en él han intervenido algunos de los mejores compositores de rock. Me alegra decir que está funcionando bien en Uruguay, Perú, donde nunca habíamos tocado antes, y Argentina.
Hace poco celebró su trigésimo aniversario sobre un escenario. ¿Se sigue sintiendo joven?
Me siento con los mismos ideales que tenía en mis comienzos. Es decir, fidelidad y honestidad con uno mismo, con los demás y con el trabajo. Siempre he tenido un público que me ha seguido y pienso que se debe a eso: no engaño ni busco aprovechar las modas para hacer algo que venda más o menos. Y hay otro aspecto: soy de los que piensan que el rock sigue siendo importante para mucha gente. Que es una forma de cultura y de entender la vida y que es una música que tiene bastante que ofrecer y puede cambiar vidas. Por lo tanto, no se puede ni ser frívolos ni mercadear con él. No. Por respeto al público y a nosotros. El respeto es fundamental.
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