LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Oveja no es ser humano

Días pasados, el título de una información me sobresaltó: «Canes homicidas en Nuevo Berlín». Me llamó la atención que una noticia tan impactante apareciera perdida entre las breves de la página policial, porque si bien suele decirse que no es noticia que un perro muerda a un hombre (y sí lo es que un hombre muerda a un perro), la peligrosidad de estos canis familiaris neoberlineses, que habían dado muerte a seres humanos, merecía mayor destaque.

Púseme, pues, a leer la noticia esperando encontrarme con un panorama terrorífico en el que unos mastines se habían ensañado con niños, quizás, y los habían matado a tarascones y mordiscos. Pero lo que leí a continuación me permitió constatar que estaba en un error: «El capataz de un establecimiento rural denunció a la Policía que perros sueltos, ajenos al establecimiento, habían dado muerte a un lanar. Los agentes constataron que el animal presentaba mordeduras varias».

¡No era ser humano la víctima; era oveja! Creo que el cronista bien podría haber recurrido a un neologismo y escribir canes ‘ovinicidas’ si realmente tenía deseos de ser original, pero no me ande mezclando hombres y bestias como en una fábula, y reserve las voces ‘homicidio’ y ‘homicida’ exclusivamente para referirse a la muerte de cristianos y no de bichos.

Para que no queden dudas, transcribo lo que nos dice el mataburros al respecto.

Homicidio: «Muerte causada a una persona por otra. Por lo común, la ejecutada ilegítimamente y con violencia». Esta definición del DRAE acota aun más el significado de la voz en cuestión al limitarla a la muerte de una persona causada por otra persona; o sea que si los perros hubieran matado a un peón y no a una oveja, tampoco se podría hablar de homicidio pues la muerte de una persona no habría sido causada por otra persona. Y del adjetivo ‘homicida’, nos dice que es el «causante de la muerte de alguien» (El arma homicida), y que como sustantivo se aplica a personas (El homicida declara ante el juez).

­Bueno, yo estoy a punto de cometer galleguicidio si el patrón sigue demorando en servirnos la otra.

­¡Qué lo parió, qué hombre tan impaciente!

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