Artes Visuales

Videos sobre arquitectura contemporánea

El hecho es paradójico. Aunque se vive y se está en contacto permanente con la arquitectura, esa modificación de un espacio natural construida en función de la vida humana individual y social, son pocos los que conocen los nombres de quienes la hicieron. Al contrario de lo que sucede en literatura, pintura, música o cine, las personalidades que levantan edificios y organizan ciudades son escasamente conocidas.

Pocos saben que Ieoh Ming Pei, un desconocido hasta el polémico proyecto de la pirámide del Louvre, construyó en Montevideo la embajada de Estados Unidos en la década del setenta, que Rafael Viñoly, con una vasta y original obras, es uruguayo al igual que el «canadiense» Carlos Ott, que el Parque Olímpico de Munich lleva la firma de Günter Behnish, que el revolucionario diseñador Philippe Starck construyó apartamentos amoblados en Palermo Sur de la capital porteña, que el argentino César Pelli concibió el neoyorquino Trade Financial Center a donde acuden diariamente 300 mil personas, que el edificio fundacional del estilo deconstructivo de Frank Gehry, popular a partir del Museo Guggenheim de Bilbao, está en la frontera suizo-alemana, el Museo Vitra Design.

A partir de la aparición de los nuevos museos de arte contemporáneo, de los centros comerciales, esas catedrales del consumismo, de la divulgación a través de la publicación de libros y revistas accesibles al lector no especializado, de llamativos concursos internacionales para levantar aeropuertos, terminales de transporte y barrios enteros de grandes ciudades, empiezan a ser familiares los responsables de tanta renovación urbanística.

Con enormes oficinas en varios países, los arquitectos están atentos a las demandas internacionales además de los encargos personales. Emigrados de sus respectivos lugares de nacimiento, tienen una vida nómade a pesar de estar radicados en Estados Unidos o Europa. Muchas de esas celebridades son huéspedes habituales de la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires pero nadie se anima a invitarlos a cruzar el charco. El alemán Helmut Jahn vive en Chicago, el inglés Norman Foster en España, el valenciano Santiago Calatrava pasa buena parte del año en Italia y Suiza, el uruguayo Rafael Viñoly y el argentino César Pelli en Nueva York. Y están a la orden para ir a cualquier parte. Varios han adquirido la dimensión estelar más común entre actores de cine o músicos mediáticos.

La fama y la aceptación amplia (de gobiernos, empresarios, público) no fue fácil ni lineal. Richard Rogers y Renzo Piano todavía hoy ofrecen resistencia a la tradicional tendencia conservadora francesa por el Centro Pompidou, cuyas soluciones han sido copiadas por otros colegas, mientras que las soluciones para la Potsdamer Platz de Berlín suscitan una encrespada discusión entre sus habitantes.

Antes de llegar a esas innovaciones polémicas, con el uso de nuevos materiales y audaces estructuras formales, el ciclo «Videos (de y sobre) creadores contemporáneos», hace una introducción pertinente. Repasa en sintética mirada retrospectiva los antecedentes de la arquitectura moderna, recordando los proyectos utópicos de Etienne Louis Boullée (1728-1799) y Claude Nicolás Ledoux (1736-1806), representantes de la Ilustración que quisieron mejorar la vida y la moral a través de una arquitectura racional. No construyeron nada pero dejaron audaces proyectos. Las transformaciones urbanísticas de París por el barón Haussmann (1809-1891) bajo el reinado de Napoleón III, el empleo del hierro y el vidrio en la Biblioteca de Santa Genoveva por Labrouste, la entrada al metro de Guimard, la torre de Eiffel, las casas de Victor Horta, dentro del modernismo o art-nouveau. Los primeros rascacielos en Chicago con Louis Sullivan y Frank Lloyd Wright con sus derivaciones europeas en el neoplasticismo y el constructivismo. Las utopías del futurista italiano Sant’Elia, la fábrica de zapatos Fagus de Gropius en 1907, la Bauhaus y su equipo pluridisciplinario, los empeños de Mies van der Rohe (en Stuttgart) y Le Corbusier (aun subsiste la Unidad Habitacional de Marsella y su escaso funcionalismo: las habitaciones son un poco más grandes que un armario, pero buen aprovechamiento de los nuevos de materiales como el hormigón, el empleo del techo plano y los pilares de sustentación) y la espléndida solución para la Villa Savoy, 1930, todavía impecable y con audaces soluciones de rampas. Con el lema «menos es más», Mies van der Rohe llevará hasta las últimas consecuencias el rascacielos de paredes de vidrio en Chicago. Con esa visión se abren las transformaciones que James Stirling, Josef Paul Kleihues, Jahn, Foster, Calatrava, Piano, Pei, Niemeyer, Behnish, Pelli, Viñoli, Gehry, entre otros, invadieron y modificaron la arquitectura del siglo XX así como las ciudades de Nueva York, París, Londres, Chicago, Toquio y Hong Kong, con audacia formal a veces desconcertante.

(Segunda de una serie de notas sobre el ciclo «Videos [de y sobre] creadores contemporáneos» que se presentará en el Museo del Parque Rodó a partir del 3 de febrero.)

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