Investigación atrapante sobre gran escritor
–Contame sobre la investigación que hiciste para la obra «Quiroga».
–Es un trabajo de indagación sobre la vida de Horacio Quiroga. El resultado se puede ver en la Fundación Manuel Espínola Gómez. Costó mucho porque fue difícil hallar material sobre los hijos del escritor. Hay toda una parte de la obra, que se llama «La tragedia del silencio», que trata precisamente de ese hecho. Son personajes muy interesantes y hubiera estado bueno tener más datos sobre cómo fue ser hijo de Quiroga.
–La vida del escritor fue compleja.
–Sí, pasó de fracaso en fracaso en lo financiero, muertes de seres queridos, etcétera. Pero, lo que me llamó la atención, fue que el tipo siempre podía volver a empezar con algo nuevo y con entusiasmo renovado. Fue todo lo que quiso: fotógrafo, maestro, albañil, químico aficionado, ciclista, tenía su propio zoológico. Tuvo una vida que muchos quisieran tener, a él se le antojaba algo e iba y lo hacía. Lo que nunca pudo hacer fue evadir la depresión. Una de las pérdidas más importantes que tuvo, que fue la muerte accidental de un amigo, lo mantuvo en un estado depresivo durante años.
–Pero de todas formas pudo seguir adelante.
–Pese a todo, en ese período tuvo una producción impresionante, aunque tal vez la calidad de la misma no fue la mejor. Quiroga nunca paró de crear, cuando fracasaba intentaba una y otra vez más.
–¿Qué imagen te quedó de él?
–La de un tipo genial. Fue brillante además porque se dedicó a escribir sobre lo que lo rodeaba. Pero también creo que hay mucho de casualidad, de dejarse ser, era un hombre muy libre. Es la representación más real de la libertad. Hacía lo que quería y la vida le decía «no así no», y allí iba él otra vez. Desde mi punto de vista pudo llegar a ser tan genial porque se animó a ser libre.
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