El pasado que vuelve
Hay excepciones en el panorama local. El Museo de Arte Precolombino e Indígena es uno de ellos. Es la más reciente de las instituciones abiertas en Montevideo, en un país paralizado en la construcción o ampliación de nuevos museos. O con proyectos inminentes capaces de infartar por la vulgaridad de la concepción más atenta al turismo, a recibir la marea de visitantes que acuden al llamado de Vicente, sin preparación ni sentido crítico para observar la pertinencia o calidad de una exhibición.
El MAPI tuvo tropezones iniciales. Poco a poco, logró la profesionalización museística necesaria. Y aún está en proceso de reformas de la antigua residencia. Con cautela, acorde a las posibilidades presupuestales de que dispone, su agenda no está cargada de anuncios, limitándose a pocas y consistentes exhibiciones. No tiene, todavía, la resonancia pública adecuada a su importante labor, quizá por la ubicación en la Ciudad Vieja, un barrio al que le cuesta recobrar el prestigio y la seguridad de antes. Los trabajos urbanísticos emprendidos por las autoridades municipales transformando numerosas calles en peatonales (es de temer el diseño del pavimento, con los antecedentes de la pobreza inventiva de Sarandí, ya deteriorado por falta de mantenimiento, otra de las flaquezas oficiales), el emprendimiento de gestores privados, logrará reestablecer, en un futuro cercano (si el crac financiero no lo afecta) el circuito cultural más concentrado y atractivo de la ciudad.
Está integrada por un centenar de pequeños trabajos (figurillas, silbatos) y otros de mayores dimensiones (vasijas, ollas, copas) presentados en funcional montaje y un recorrido atractivo.Dividida en varios períodos ( Formativo, 4000-500 a.C, Desarrollos Regionales, 500 a.C.-500 d.C, Integración, 500 a.C.-1532 d.C.), corresponden a zonas costeras y serranas de Ecuador y Colombia, territorios que integraron la llamada Area Intermedia por los arqueólogos, donde habitaron las primeras comunidades tribales practicando la elaboración cerámica con irradiación hacia Centroamérica y Perú. Figurillas antropomorfas, cabecitas de «Venus», con soluciones que recuerdan a las encontradas en Europa (Brassenpouy), la habilidad y el ingenio inventivo para moldear y decorar utensilios de la vida diaria y de culto. Hay que mirar con cuidado cada una de las piezas, demorarse en la observación, para disfrutar de los creadores anónimos del pasado americano. En un espacio sereno, propicio a la contemplación por la eficacia de un equipo sólido (curador Gustavo Ferrari, museografía Olga Larnaudie, asistente Luis Bergatta, fotografía Magela Ferrero y José Pilone, diseño gráfico Alejandro Sequeira y Valentina Lucas, iluminación Fernando Salaberry, realización de montaje Alvaro Mayo, cartelería Nicolás Cabrera) atento a los menores detalles.La muestra puede visitarse hasta marzo de 2009.
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