Detrás del olvido, por la Comedia Nacional, en la sala Zavala Muniz
En síntesis, esa cháchara hueca que es una tradición nacional. En cuanto al estilo, tenemos el lenguaje solemne de todo uruguayo decidido a hacer literatura.»… en los ojos está el alma de una persona», «somos seres racionales y afectivos», «me duele la distancia», y, para concluir, esta perla negra de sabiduría: «hay que aceptar las cosas como son, vivir cada momento», «te noto un poco extraño, distante». Tenemos la alusión que halaga nuestro patriotismo (o nuestro patrimonio histórico, etc.): «Yo viajé un par de veces a Uruguay, Punta del Este es muy linda» y, por supuesto, el exquisito «Vos, ¿con quién carajo estás?» que, Preziosi sabe, expresa mejor la idea que el vulgar «Vos, ¿con quién estás?». La obra se le encargó al autor, como la mejor alternativa posible, pese a que se lo conocía por obras tan pobres como «A las doce de la noche se baila La Traviata» y, más recientemente «Llorones» (Teatro Circular, con la actuación de Walter Reyno); tenemos aquí, como en dichas obras, todas las tristezas del habla cotidiano, manidas por su representación en un espectáculo teatral.
La trama se apoya en un engaño al espectador. En una primera parte, se presenta a Esteban (Daniel Spinno Lara), un hombre típicamente uruguayo, el periodista sin periódico, que se despide de su novia Laura (Claudia Rossi). Quiere probar fortuna en España; pero ahí mismo se escamotea un breve parlamento, que aparece mucho más tarde en una segunda edición de la misma escena, donde el hombre anuncia, un segundo y más comprometedor propósito, que explicará la penúltima escena. Pero en el episodio siguiente, el autor vuelve a engañar al espectador. Presenta a Esteban en Madrid, cómodamente amancebado con la dueña de un restaurante (Eva, por Elisa Contreras), sin más inquietud que unos frustrados gimoteos al teléfono hacia Laura, su novia (¿o ex novia?) montevideana.
El desenlace nos produjo estupor. Es la sorprendente presentación oficial, a todo lujo, por la Comedia Nacional y justamente en los festejos de la inauguración de novísima sala Zavala Muniz, del reiterado agravio que lanzan los criminales de la dictadura y sus encubridores contra los familiares de sus víctimas y quienquiera investigue sus hazañas: todo eso se hace por un mísero espíritu de venganza. Pero más curioso aún, es el postulado inicial de la obra. Sea que Preziosi lo haya querido o no, la pieza parte de la inoperancia frenteamplista en la investigación de esos crímenes. Si un periodista debe investigar, desde la precariedad de sus medios, quién de esos héroes (de ejemplar modestia, por la forma en que ocultan el detalle de sus proezas) fue el que mató a su padre, es porque no hay investigación oficial sobre el punto; pero el periodista lo hace, es movido por un puro afán de venganza. Quiere aplicar la ley del Talión. O, para utilizar uno de las más feos neologismos de los últimos tiempos, fealdad inevitable en todo parto cuartelero, su conducta es puro «revanchismo». No existe, para «Detrás del olvido» la voluntad ciudadana, ordenada por la Constitución, de realizar la igualdad entre todos los uruguayos, midiendo con la misma medida los traficantes de pasta base y los asesinos de la dictadura, los rapiñeros que arrebatan bolsos a las señoras en las ferias y los violadores de mujeres en sótanos castrenses, los libradores de cheques sin fondos y los creadores de estados civiles falsos, los que atentan con éxito contra la Constitución y medraron con cargos usurpados en el «proceso cívico militar» y los automovilistas alcoholizados que quebraron huesos en accidentes de tránsito; en suma, hay que juzgar a los que deshonraron el uniforme de Artigas y también hay que juzgar a sus aparceros civiles. No existe, tampoco, en esta obra, la necesidad, postergada desde 1985 pero visible aún, de destruir lo que pretende erigirse en una nación dentro de una nación, hipertrofiada y costosa, estéril si no fuera peligrosa, que se carga pesadamente sobre el Presupuesto Nacional.
Quizás el autor advirtió que, sin quererlo, iba demasiado lejos y borroneó lo que debió ser el efecto final, haciendo del criminal un argentino insoportable. ¡Los porteños son los culpables! ¡Los militares de «El pozo de Banfield» fueron los responsables!
Se nos quiere forzar, no ya al perdón, sino a la amnesia, que es una mutilación, un daño cerebral. Todavía quieren robarnos nuestras imágenes, nuestra memoria, nuestra sangre. El medio empleado no es que todos aquellos crímenes caigan en el olvido, porque todo cae, al fin, en el olvido; se persigue que caigan un poco más lejos, inalcanzables, detrás del olvido.
DETRAS DEL OLVIDO, de Leonardo Preziosi, por la Comedia Nacional. Con Pepe Vázquez, Claudia Rossi, Elisa Contreras, Catherina Pascale, Florencia Zabaleta, Daniel Spinno Lara y Leandro Núñez. Escenografía de Gerardo Bugarín, vestuario de Mónica Talamás, iluminación de Carlos Torres, dirección de Juan Antonio Saraví. Estreno del 2 de octubre, sala Zavala Muniz.
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