Un documental sobre una vida fascinante
¿Por qué eligió hacer un documental sobre Henry Engler?
Porque nos enteramos, junto a José Pedro Charlo, de los logros científicos de Engler y nos interesó. Así surgió «El círculo». Pero lo importante en sí fue el contacto con el personaje. Es un hombre que puede ser objeto de otras películas, tanto científicas como políticas. Tuvimos una mirada interior y muy personal de un proceso que vivió el personaje durante el tiempo que estuvo como rehén de la dictadura. Es muy difícil sintetizar y poner en escena en noventa y tantos minutos la riqueza de su experiencia. Es realmente fascinante y tiene muchas capas.
¿Fue un reto?
Lo que pasa es que, en el cine de la realidad, que es el documental, resulta muy complejo trabajar una historia tan multifacética. Pero los problemas fueron más de tipo operativo, de hacer coincidir los tiempos de él con los nuestros. Es una persona muy ocupada y nosotros lo necesitábamos para el rodaje. Luego, a nivel de relacionamiento, no tuvimos ningún inconveniente. Gracias a la confianza que nos fuimos tomando mutuamente, fue accediendo y animándose a tener la voluntad de exponerse en una puesta en escena. En «El círculo» Engler no es un simple entrevistado, es un personaje que transita lugares, viaja, se expone a recuerdos. El estar dispuesto a eso fue un acto de valentía por parte de él. Una cosa muy significativa fue que nunca nos pidió para ver cómo quedaba en la filmación. Cosa que, dicho sea de paso, sería normal. Eso habla de la confianza que nos tenía.
¿Cómo reaccionó ante la película?
Valoró mucho nuestro trabajo. Le cuesta mucho juzgar la obra desde un punto de vista de contenidos, porque está hablando de sí mismo. Es muy difícil verse como protagónico en una película. Además nos dijo que era el público el que tenía que juzgar al filme. Nosotros estamos de acuerdo.
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