Eros. El amor es una materia digna de estudio

Jaula de amor, de Marianella Morena, en Teatro El Galpón

Juan (Rogelio Gracia) ataca a su compañera María (por Lucía David de Lima) con golpes, insultos, reproches, celos.

Esto ocurrirá, palabra más, palabra menos, durante toda la pieza. El hombre tiene celos tanto de las plantas que ella cuida como de un amante que ella no tiene: en algún momento le exige destruir las plantas, con el mismo tono reivindicativo con que exigiría «¡Dejá a ese hombre!»; pero muy luego el energúmeno repone las energías consumidas en molestar a su mujer sirviéndose de ella. El es demasiado carbonizado, hasta las cenizas, como para ser odioso; pero, curiosamente, la autora parece disculparlo, cuando sostiene, en el programa de mano, que sus personajes «se amaron sin saber hacerlo». Leemos de nuevo, incrédulos, pero dice así. Aquellos golpes, insultos, gritos y rabietas eran puro amor. ¡El pobre no sabía amar!

Marianella Morena presenta la pieza con su peculiar mezcla de sequedad, falta de imaginación, mala escritura e injustificadas pretensiones. No hay caracteres: aparte de la irracional agresividad de Juan, rasgo que no define un carácter, sólo se sabe del hombre que prohija, a los años, un viejo rencor contra su madre. De María se sabe que cuida plantas: quizás lo hace porque su expresión, neutra y barrida, que niega toda sensibilidad y vida interior, se asocia de inmediato con los ritmos seculares del reino vegetal.

Pero la autora, además, pretende haber inventado por lo menos dos clases de paraguas. Morena tiene la solución para la «violencia doméstica»: hay que enseñar amor en Secundaria. Escribe: «¿Por qué el amor no está contemplado» (sic) «en la educación formal?». ¡Notable idea, que hasta ahora no alcanzó las mentes de los pedagogos del Codicen! ¡Clases, exámenes, con aprobados y aplazados, cursos teóricos y prácticos, seminarios de amor, y se acaba la «violencia doméstica»! Pero Morena tiene otro paraguas por inventar. Desde el programa, prepara así el terreno para su mejor pregunta: «¿Por qué dejamos que la literatura, los medios, la tendencia de la época» (?) «marquen y den las pautas» (sic) «sobre qué es y no es (sic) amor?».Y aquí viene la estocada final, cuando se pregunta, grave: «¿Qué es amar?». Como si a nadie se le hubiera ocurrido el tema; como si no existiese una larga serie de reflexiones organizadas que comenzaron con «El banquete» y «Fedro» de Platón (siglo IV antes de Cristo; curiosamente, «El banquete» comienza con el análogo reproche de que no se ha atendido suficientemente a Eros).

Hacia el final, la actriz exhibe sus senos, el actor sus pectorales, sin conexión alguna con los golpes ni con el sexo ni con nada que haya sucedido o vaya a suceder. Es extraño, pero la autora y directora, a quien parece afligir el sometimiento y cosificación de la mujer, incurre en la misma falta y somete a sus dos actores, mostrándolos como hombre – objeto y mujer – objeto.

Ya que la autora gusta de expresarse en preguntas, diremos: «¿Por qué la autora cree que «Jaula de amor» es una obra de teatro?».

 

JAULA DE AMOR, de Marianella Morena, por El Galpón, con Rogelio Gracia y Lucía David de Lima. Escenografía de Paula Villalba, iluminación de Martín Blanchet, vestuario de Cecilia Prigue, banda sonora de Paola Dalto, dirección general de Marianella Morena. En teatro El Galpón, sala Cero.

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