El olimareño Pepe Guerra en gira
Cuando uno escucha esa voz tan cálida y portentosa, de inmediato reconoce a Pepe Guerra. Si se es un auditor atento, la densidad, el espesor que le otorga a sus canciones, por su calidad estética y estilística, por la generosa expresividad de su registro impar, hacen de éstas un verdadero placer para los sentidos, un santo y seña que permite reconocerse como uruguayo.
Este olimareño devenido universal se presentará el domingo próximo en Sarandí del Yi, el miércoles 8 lo hará en la ciudad de Minas, el sábado 11 cantará en Queguay, Paysandú, el domingo 12 lo hará en Salto, el viernes 17 en San Carlos, Maldonado, el sábado 18 en San José, el sábado 25 en el Teatro de Verano de Montevideo.
El viernes 7 de noviembre actuará en Paso de los Toros, Tacuarembó, el domingo 9 lo hará en Tarariras, Colonia, el viernes 14 en Rivera y el sábado 15 en Cardona, Soriano.
Lo cierto es que en su madurez, este ícono de la canción popular, apuesta a las variaciones al tiempo que continúa intacto su poder de convicción, una sensibilidad a prueba de críticas y una línea compositiva impecable.
Pepe Guerra como lo reseñamos con anterioridad es uno de los soportes de un proyecto de canción popular que se convirtió en el sistema nervioso y emocional de la mayor parte de uruguayos: Los Olimareños. Junto a Braulio López durante años, y aún cuando debieron marchar al exilio como tantos otros, alcanzaron una dimensión interpretativa insospechada y de formidable repercusión y prestigio internacional, y prácticamente bajo la tutela de dos entrañables poetas, Ruben Lena y Víctor Lima, lograron posicionarse en un sitial de preferencia que abarca todas las franjan etarias.
Luego, a su regreso y tras la disolución del ensamble, cada uno por su lado siguen siendo una referencia y un modelo que tantos dúos posteriores calcaron y otros reelaboraron con su propia personalidad.
Entonces, desde hace varios años Pepe Guerra en plan solista, emana sus textos de un volumen inigualable que mantienen intactos sus sentidos de pertenencia y de permanencia. Milongas, chamarritas, tangos, candombes y varios ritmos latinoamericanos que se hunden en las raíces mismas de la mejor tradición de la canción popular, son apoyados en una banda que lo arropa con energía y estructuras arreglísticas bien elaboradas, con textos que apuntan a la sensibilidad y la conciencia como una forma de crecimiento. Ese es el Pepe, un hombre empapado de vivencias, propias y ajenas, que transitan en sus canciones con expresividad y hondura reveladoras.
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