Música, calor y fiesta
El intenso calor de los días previos, que rondó los 40º, no impidió las largas filas para comprar entradas que cuestan 18 dólares, ni hizo desistir a los amantes de la música. Numerosos grupos de jóvenes llegaron de diversos lugares de América Latina y Europa para escuchar en el mismo escenario a Iron Maiden, REM, Guns N’Roses, Britney Spears, Sting, Red Hot Chili Peppers o Neil Young.
Según Roberto Medina, el principal gestor del festival, todos los grandes músicos aceptaron a cobrar menos por su actuación porque saben que lo principal de este megaconcierto es «transmitir al mundo un mensaje de paz». Esta es la tercera edición del mayor festival de música ya realizado en Brasil, después de los celebrados en 1985 y 1991. «Rock in Rio por un mundo mejor» es la consigna del evento, que destinará parte de sus ingresos (un 5%) para obras sociales y proyectos educativos en barrios pobres de la ciudad. Durante los días del concierto, decenas de jóvenes del mundo entero pertenecientes a organizaciones no gubernamentales, minorías raciales o grupos de defensa de los derechos humanos participan en debates y mesas redondas que se llevan a cabo. «Nuestra presencia aquí es algo simbólico. Si no existiera este espíritu solidario, yo no hubiera venido», aseguró en una rueda de prensa el músico brasileño Milton Nascimento, quien cantó este viernes acompañado de su compatriota Gilberto Gil.
A su llegada a Rio de Janeiro, el cantante inglés Sting mostró idéntico entusiasmo, traducido en su fugaz aparición junto a Nascimento, Gil y James Taylor en arranque del festival.
Rock in Rio también generará importantes beneficios en la economía municipal. Según los organizadores, de los 1,5 millones de entradas puestas a la venta fueron vendidas antes del comienzo del espectáculo algo más de medio millón. Aun si no se vendiera un billete más, algo totalmente imposible, Rock In Rio ya habría creado un total de 14.000 empleos. Solo para construir la ciudad del rock, una superficie de 300.000 metros cuadrados situada a las afueras de la localidad, hicieron falta 4.000 personas.
Por último y según la Asociación brasileña de agentes de viaje, los 300.000 turistas que llenan los hoteles, las calles y las playas de la ciudad, dejarán en Rio de Janeiro unos 166 millones de dólares, equivalente a lo que la Alcaldía carioca gasta en un mes.
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