Oui, monsieur Molière, obra de Mutanteatro, en el Teatro El Galpón
Personajes de Molière «(de «El enfermo imaginario)». Galerías que desfilan, características que se padecen…hmm.
Sigue: «…tendrá lugar una trama que entreteje similares conflictos a los de la obra, sólo que coloreados por la disparatada visión que los clowns tienen de la vida».
Apareció ese comodín que acuñó Finzi Pasca: «la mirada» (¿?) «del clown», que en español, idioma que, malgrado «Oui, Monsieur Molière» aún se habla en el Uruguay, se escribe «payaso». Pero «clown» que es en inglés ¡es tan culto, fino, intelectual! Y si la visión que los clowns, todos ellos (dato de algún encuestador no identificado) tienen de la vida es disparatada, ¿qué interés tiene?
Sigue el programa: «»La obra se transforma… en una metáfora en que la vida real y el escenario teatral se confunden, en una confirmación de que, en el escenario de la vida, todos somos actores». ¿Cómo dijo?
«Oui, Monsieur Molière» está hecha con «…la técnica del clown» (¿en qué consiste?) «coloridos vestuarios…» (¿por qué el plural?) «… una escenografía funcional, una diagramación lumínica» (aquí, más que en «El enfermo imaginario» estamos en «Las preciosas ridículas») «que nos recuerda a los espectáculos de circo» (apareció aquello) «unido a una sugerente banda sonora compuesta especialmente por un DJ».
Desalienta que un grupo, para hacer teatro, no encuentre nada mejor que el triste y resobado circo y aún, dentro de él, a los payasos. Pero que el circo mejore o haga al teatro, es una popular, si que perezosa, superstición (véase «La gran Pepino», teatro Stella, o «A comedia dos erros», premiada en Porto Alegre).
Ponerse a hacer «Hamlet» o «Alcestes» en serio… es tan difícil… Pero si los agarramos para la farra, nadie podrá decirnos que eso no es la obra… diremos que no es comedia, es «farsa»… no importa, nadie sabe qué es una cosas y qué es la otra… Oímos este soliloquio: «¿Qué hacemos? ¿Qué tal una comedia, de un autor prestigioso, para hacer pared, pero vista como circo (o como thriller, o como una de vampiros, o de piratas, o como un filme de Doris Day…para que no digan que eso no es…)?» El circo siempre gana en estos soliloquios, porque simplifica, mortífero, todo: texto, dicción, mímica, movimientos. El teatro está enfermo de circo, y no es una enfermedad imaginaria.
Naturalmente, no vimos nada relativo a «El enfermo imaginario». Oímos hablar en francés, muy mal y muy cargosamente; otras veces oímos hablar con forzado acento español; alguien hacía terminar sus palabras, sugiriendo ruso, en «oski», como con el gracioso y original «floroskis» (por «flores»).
No entendimos la razón; pero, nos olvidábamos, la «técnica del clown» justifica todo. Tampoco comprendimos la razón de la «escenografía funcional» que parecen entre casetas o carpas de playa y las gateras del hipódromo.
El espectáculo se presenta como «Florencio 2007″; el proyecto ganó el premio del programa del Ministerio de Educación y Cultura «A escena» de 2008; oímos a Gloria Levy y Alberto Rivero recomendarlo; pero debemos decir que «Oui Monsieuir Molière» es uno de los medios más eficaces de ahuyentar al público del teatro.
OUI, MONSIEUR MOLIERE, de Mutanteatro, con Marcelo Magallanes, Patricia Pereira o Fernanda Camejo, Laura Sanfilippo, Sergio Armand Ugón, Javier Mingroni y Fedra Reynaldo o Vanina Pérez. Escenografía de Elías Galleto, vestuario de Fabiana Reynaldo, iluminación de Ramón Tarantelli, música de Adrián Bentancor, dirección de Carlos Sorbía. En teatro El Galpón, sala Cero.
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