Contundente testimonio sobre los crímenes de la dictadura
La proyección, que se desarrollará en la Sala 18, a las 19.30 horas, apunta a combatir el olvido, la impunidad y a restituir la memoria de los aberrantes crímenes cometidos por el régimen autoritario.
El disparador de la obra son objetos creados por presos políticos en cautiverio, a partir de los cuales se aborda, mediante siete entrevistas, la reconstrucción de los personajes y las situaciones que estos padecieron durante el período más negro de nuestra historia reciente.
El trabajo quedará a disposición del Museo de la Memoria y también de los promotores de la campaña de recolección de firmas para la anulación de la Ley de Caducidad.
Lucía Piquinela D’Elía, que tiene 36 años de edad y es egresada de la Escuela de Cinemateca Uruguaya, es sobrina de Julio D’Elía y de Yolanda Casco de D’Elía, quienes fueron secuestrados y desaparecidos en Argentina, durante el período más crítico de la represión.
Esta circunstancia sumada a que se crió durante la dictadura, impactó fuertemente a la realizadora y la motivó a asumir un fuerte compromiso con la lucha por la verdad y la justicia.
En entrevista concedida a LA REPUBLICA, Lucía Piquinela recordó su formación artística en el ámbito de la Escuela de Cine de Cinemateca Uruguaya y sus primeros pasos en la producción audiovisual.
La cineasta, que confesó ser una apasionada por el género de ficción, se contactó hace un tiempo con los responsables del Museo de la Memoria, con el propósito de donarles un cortometraje, cuyo tema central era la resistencia a la dictadura.
En ese momento, nació la posibilidad de abordar un proyecto más ambicioso y elaborado: el documental «Memoria en construcción».
«Se trata de una crónica de la inauguración del museo. Partiendo de algunos de los objetos que allí se muestran, se recrean historias de las personas que los crearon y se reflexiona sobre la construcción de la memoria permanente y los derechos humanos», destacó la realizadora.
«El mayor valor de este documental que dura una hora y catorce minutos no es fílmico, sino testimonial», aseveró enfáticamente Piquinela.
Explicó que «a través de las entrevistas, de los objetos y de las actividades del museo, se armó una especie de rompecabezas. Cuando lo estaba editando, tuve la sensación de que los entrevistados dialogaban entre sí».
Explicó que los objetos exhibidos en el museo están identificados por fichas técnicas, lo que permitió reconstruir la peripecia de las personas y su relación con el entorno.
Si bien la joven cineasta no se había propuesto dedicarse al género documental, advirtió que «este trabajo era ineludible, porque me sentía fuertemente comprometida con el tema».
Narró que el proyecto fue elaborado con mucho esfuerzo, porque el presupuesto disponible era mínimo. «En parte, se financió a través de la Asociación de Amigos del Museo de la Memoria y con aportes personales de todo el equipo».
Añadió que el grupo está buscando nuevas fuentes de financiación, habiéndose presentado a los Fondos Concursales de Ancap. Asimismo, se procurará el apoyo de un fondo de Cuba y Venezuela, con el propósito de pasar el trabajo, que está editado en video digital, al formato fílmico.
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