TOUCHÉ

Buscando la sensualidad de la palabra

Cuénteme sobre su novela «Triste lujuria».

Es una novela que la venía trayendo desde hace años, recogiendo experiencias que dejaron huella en mí. Yo quería hacer una biografía ficcionada. He procurado disfrazar bastante a los personajes, incluso a mí mismo. El perotagonista se llama Andrés Gañoli y vive en el Uruguay de finales de los ’50. La época de la Revolución Cubana, el movimiento estudiantil y sindical, un momento en que se avizoraba un mundo nuevo. La guerrilla del Movimiento de Liberación Nacional lo invita a participar, pero él decide irse al interior a ejercer como médico. En un pueblito de frontera vive otra realidad: el contrabando, la caña blanca, los autos doble chapa. Es una historia personal, muy subjetiva.

 

¿A qué apuntó con esta obra?

Es difícil decir a qué apunta un escritor. Uno tiene necesidad de escribir y no tiene muy claro hacia dónde van los objetivos. Depende de cómo cada uno escribe y puede poematizar o poetizar su trabajo. Yo intento jugarme mucho hacia a la frase poética, más que al testimonio social. Esto está muy destacado en el libro, se ve en la construcción de los personajes, la descripción de las mujeres.

 

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Yo tenía apuntes conservados tanto en mi memoria como en papel. En el año 2004 lo presenté en la Intendencia Municipal de Montevideo y tuve una mención. Entonces yo diría que la elaboración fue entre el 2000 y el 2004.

 

No idealiza al pasado.

No, porque también pinto las decepciones que tuvo el personaje. Trato de dar una visión objetivante de lo que sucedía.

 

¿Por qué «Lujuria triste»?

La lujuria puede ser un exceso, un goce que obnubila, se puede quedar atrapado en una droga o ideal excedido. En la poetización también hay lujuria en el exceso; me demoro en esa sensualidad de la palabra.

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