Jeanne Moreau ingresa a la Academia de Bellas Artes Francesa

La primera mujer

Sin la espada que caracteriza a los académicos pero con un broche que la simboliza, Moreau llegó al ritmo de los tambores de la Guardia Republicana, vistiendo el traje que diseñó especialmente para la ocasión su gran amigo el modisto Pierre Cardin, también miembro desde hace ocho años de la Academia de Bellas Artes.

La actriz integra la sección de las «creaciones artísticas en el cine y el audiovisual» de la Academia de Bellas Artes, junto a otros cuatro realizadores cinematográficos: Pierre Schoendoerffer, Gerard Oury, Roman Polanski y Henri Verneuil.

La Academia de Bellas Artes era el último reducto del Instituto de Francia sin mujeres. La ex emperatriz de Irán, Farah Pahlavi, fue integrada en calidad de asociada extranjera pero sin derecho de voto.

A los 72 años, la protagonista de Jules et Jim y de La noche aprovechó su discurso de investidura bajo la cúpula del Institut de France para rendir un caluroso homenaje a todos los que alimentaron en ella la «vocación» de actriz. Lamentó luego no terminar su «monólogo con música, como Mstislav Rostropovitch», otro académico de Bellas Artes. Luego, la actriz recitó algunos fragmentos de la Ifigenia de Racine. Moreau fundamentó la elección de los versos diciendo «gracias a esta escena fui recibida en 1947 en el Conservatorio, y gracias a ella, me encuentro aquí».

A continuación dijo que revelaría «de dónde vengo y les presentaré recuerdos sepultados que surgieron de nuevo con violencia mientras me preparaba para estar ante vosotros». Así, Jeanne Moreau relató su niñez en Vichy, y su atracción «por la fuerza misteriosa de las palabras», se refirió también a su familia, la madre inglesa bailarina, el padre dueño de un restaurante, la abuela paterna «su única confidente», su abuelo paterno que, amante de la navegación a vela, «le enseñó las lunaciones, las estrellas… a acomodar las redes para pescar y también a dominar los mareos…»

Después, en 1936, llegó la quiebra de su padre, el traslado a París, la guerra, la ocupación, su madre inglesa «primero arrestada y luego liberada, que tenía que ir a firmar todos los días a la comisaría novena, (…), los exámenes, las estrellas amarillas, los compañeros ausentes y que jamás he vuelto a ver, la indignación mezclada de miedo y la cólera…»

Finalmente, Moreau confesó que a escondidas de su padre fue a los 16 años, en 1944, a ver la Antígona de Jean Anouilh. En ese momento descubrió su verdadera vocación artística y admitió también que «la loca alegría por la liberación fue eclipsada por (la representación) de Fedra en la Comedie Francaise».

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