Puzzle. Seis miradas diferentes sobre el gran Bob Dylan

Llegó al DVD "I´m not there",  del director Todd Haynes

En el caso de «I´m not there», se trata de la última invención de Todd Haynes, director responsable de pequeñas joyas como «Velvet goldmine» o la desencantadísima y brillante «Lejos del paraíso», donde se atreve a llevar adelante una obra casi imposible: trazar un mapa, un perfil de esa leyenda viva llamada Bob Dylan que como se sabe, está en permanente mutación.

Quizá por eso, el director optó por un esquema fílmico tan cambiante como la propia vida del retratado. «Nunca sé quién soy, me levanto siendo una persona y me acuesto siendo otra», ha dicho Dylan y de eso se trata.

Lo curioso es que para dar esa idea de movimiento, Haynes decidió que seis actores le dieran vida a una galería de personajes vinculados a un Dylan que dinamitó los basamentos de la música popular de su país e influenció a generaciones enteras en todo el mundo.

La película entreteje una serie de historias de los Estados Unidos de los años sesenta y setenta. Cada historia expresa un aspecto de la sideral carrera de Dylan, y han sido filmadas de manera diferente a través de también muy diferentes intérpretes: Woody (Marcus Carl Franklin), un niño negro de 11 años siempre huyendo no se sabe muy bien de qué ni de dónde; Robbie (Heath Ledger), un mujeriego con tintes de artista que siempre está en la carretera; Jude (increíble trabajo de Cate Blanchett), un joven andrógino estrella del rock; John / Jack (Christian Bale), un ídolo folk devenido como evangelista; Billy (Richard Gere), un fugitivo milagrosamente vivo pero que ya va tomando conciencia de que la edad se le ha echado encima.

Seis personajes pegados a la piel del gran Bob, todo aderezado por la música de ese pequeño hombre que sin pretenderlo, se transformó en lo que es: el artista que le puso banda sonora a este mundo donde siempre soplan vientos extraños.

Además de la inoxidable música de Dylan, se encuentra una actuación deslumbrante de la Blanchett, que más que tratarse de una simple imitación, es un milagro actoral que no da respiro. Haynes se sacó el gusto de transformar lo imposible en una cinta de belleza sublime y que respeta la no erudición, ya que no es necesario ser un experto en la música del genio de Minessotta para entender la propuesta. Un descubrimiento extraordinario y que por si fuera poco, es una de las mejores películas del año.

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