Juan Carlos Pineyro
JA
El 6 de enero Juan Carlos Pineyro dio fin a su vida por asfixia poniendo su cabeza dentro de una bolsa de plástico. Tenía 50 anos y gozaba de buena salud; fue víctima de una grave depresión, que es hoy el flagelo secreto de la vida humana.
Diversas causas circunstanciales, como la próxima expiración de su contrato con el Ministerio de Cultura y las posibles dificultades para obtener un nuevo empleo, coadyuvaron a su decisión, que causó profundo dolor a quienes fuimos sus amigos desde que lo conocimos como funcionario de la Alianza Cultural Uruguay – Estados Unidos.
Menudo, pulido y acicalado, elegante y un tanto rígido, estricto cumplidor de sus obligaciones, tenía un humor irónico, corrosivo y agudo. Ante sus opiniones contundentes, más de una vez lo declaramos el crítico más ácido de nuestro medio. Juan Carlos conservaba, pese a los anos, un rostro juvenil y terso, donde brillaban unos ojos claros llenos de intención; era cumplido pero distante, educado pero poco comunicativo, cálido pero reservado, al punto que poco o nada llegaron a saber sus más cercanos amigos sobre su familia y su vida íntima. Es posible que su imagen exterior fuera una máscara, y que padeciera a un enemigo interior cuya presencia y formas sólo él conocía.
Vinculado al teatro desde décadas, por lo general como asistente de dirección, situó siempre a su persona en un segundo plano, como si careciera de toda ambición y de todo afán por afirmar su personalidad; se las ingeniaba para desempenarse sin hacerse ver, demostrar afecto y evaporarse.
Ultimamente no contestó los mensajes que sus amigos dejaron en su contestador, con motivo de las fiestas de fin de ano. En la presentación del programa anual del Teatro de La Gaviota, en los últimos días de 2000, se excusó diciendo que «estaba complicado»; pero sus demostraciones de afecto, que iban algo más allá de su registro habitual, eran, aunque no lo sabíamos, su despedida. La noche del seis de enero cruzó una frontera, rumbo a lo invisible.
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