Uruguayos campeones, en El Galpón
Jorge Arias.
Toda obra del hombre implica una filosofía y hasta una cosmología, aunque no lo sepamos. Uruguayos campeones responde al hedonismo, culto del placer que suele escribirse así: «La gente quiere reír».
La vida es buena, o soportable, si gana nuestro equipo predilecto, si tenemos dinero para un viaje a Florianópolis, si la barra de amigos sigue inconmovible en la esquina. El hedonismo no oculta, sin embargo, su predilección por la morfina: necesitamos «cómicos» para animar nuestras fiestas, sin duda desanimadas, necesitamos maquillar nuestros dispendios con el plástico de las tarjetas de crédito, requerimos tranquilizantes y estimulantes para cumplir medianamente nuestras tareas.
La vida desmejora si la salud o una mujer nos abandonan, si nuestros padres envejecen mal, si nuestros amigos se enferman o se mueren. Los mejores espectáculos son, por supuesto, los cómicos y aun los meramente tontos; todo lo demás es etiquetado como «un bajón» y se trata como a un hueso roído.
Muy abajo debemos estar si reclamamos siempre ir para arriba. Todo lo bueno es, al fin, evasión; todo lo malo es la realidad. Y si es la vida lo que nos hace doler, simplemente la suprimimos. Nos desentendemos del mensaje de nuestra lengua, cuando decimos, sin oírnos siquiera, que algo «vale la pena».
Uruguayos campeones tiene el mérito de rozar la crítica del fútbol como componente de la gran empresa nacional del hedonismo y la evasión, y no le ahorra ironías. Algunas grabaciones de apócrifos contestadores telefónicos tienen gracia; La pisada (Alejandro Dolina) acierta en la psicología y Glorias deportivas (Enrique Vidal), aunque demasiado largo, tiene puntería y chispa. Pero no se puede con Fontanarrosa, una plaga de nuestro teatro que persiste, al parecer endémica, en el nuevo milenio, y a quien se deben los peores y sobre todo los más interminables esquicios, como Plegarias a la virgen.
Con estos descuentos, Uruguayos campeones es amable, suscita risas cada tanto, deja algún cabo para la reflexión, se hace olvidar y deja flotando una sonrisa.
Uruguayos Campeones (porque matemáticamente tenemos chance) sobre textos de Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, R. Fontanarrosa, Fernando Schmidt y Enrique Vidal, con Jorge Bazzano, Juan Gamero, Daniel Gorriti, Javier Iglesias y Jorge Pineirúa. Ambientación y vestuario de Raúl Acosta, dirección de Enrique Vidal. En El Galpón, sala Cero.
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