TOUCHÉ

Dario Valvenotti, titiritero, Teatro de títeres ideológico

­¿Ensayando?

­Este año vamos a participar en un festival que se va a realizar en Piriápolis. Para nosotros va a ser una prueba de fuego, un ensayo previo al concurso internacional que en febrero se va a hacer en Porto Alegre, Brasil.

 

­¿Muñecos grandes o chicos?

­Estamos trabajando con dos muñecos de gran dimensión, casi del tamaño natural de un ser humano. Estos son para las escenas finales de la obra que estamos preparando, es decir para lo que viene a ser el tercer acto con el desenlace. En los otros dos actos, el primero y el segundo, los muñecos son del tamaño habitual con el que trabajamos la mayor parte de los titiriteros, es decir, aquellos que la gente está acostumbrada a ver y cuyo tamaño no es algo arbitrario ni un capricho, sino porque a través de los años y de diferentes civilizaciones, se comprobó que tienen mayor atractivo para el público.

 

­¿Los ensayos los trabajan sobre un guión previo o es todo improvisación?

­Siempre hay una idea previa de lo que queremos transmitir. Una vez que tenemos eso bien claro o recurrimos a una obra ya escrita o escribimos nuestro propio guión o improvisamos diferentes situaciones hasta encontrar el ambiente, la escena y los diálogos que pretendemos.

No es algo esquemático, casi siempre se mezclan las tres formas de elaborar el proyecto que luego será llevado a escena.

En nuestro caso trabajamos con mucha intensidad en las ideas. Por allí se ha dicho que somos un teatro de muñecos ideológico y, desde mi punto de vista, creo que la definición es bastante acertada. En realidad nuestro grupo se formó con la finalidad de divulgar ideas y sentimientos. No es que sea una cosa muy cerebral, pero no apelamos solamente a los sentimientos, la emoción y la sensibilidad, sino también al raciocinio, al sentido común.

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