En Sala Cinemateca, los filmes del padre del nuevo cine alemán
Se ha dicho que no existe ninguna figura como la de Alexander Kluge tan implicada directamente en el fenómeno del «nuevo cine alemán».
Así se conoce a aquella cinematografía que se gestó en las postrimerías de la posguerra, cuando Alemania comenzaba a despegarse de la férrea era de Konrad Adenauer.
El nuevo cine alemán nació con un grito: «el cine de papá está muerto» y con un manifiesto, el famoso de Oberhausen, redactado por un grupo de jóvenes cineastas de pluma ácida entre los que descollaba un joven abogado, ex alumno de T. W. Adorno, que daba sus primeros pasos en el cine: Kluge. Alexander Kluge no sólo redactó gran parte de aquel manifiesto, sino que propulsó una ley que obligaba a las cadenas de televisión a invertir parte de su presupuesto en el cine y que fue determinante para la existencia de directores como Win Wenders, Herzog o Reiner Fassbinder. Otra de las leyes que propulsó fue la que estipulaba que los canales privados debían poner a disposición en forma gratuita una parte de su aire para programas culturales.
Acostumbrados a una producción en gran escala, los productores de televisión no hicieron uso de ese espacio que, ni corto ni perezoso, Kluge ocupó con largas entrevistas a Heiner Müller, Jean-Luc Godard o Christoph Schlingensief.
«El ataque del presente al resto del tiempo», «En peligro y máximo apuro el compromiso lleva a la muerte», «La fuerza poética de la teoría», «A los grandes ricos hay que enseñarles como freír pequeños peces»; todos títulos de películas de Alexander Kluge, quien a partir de 1966 filmó un gran número de largometrajes que se inscriben en el cine-ensayo del nuevo cine alemán.
Pero también filmó cortometrajes y todos sus filmes captan como un sismógrafo el estado de la cultura y la sociedad alemana.
Coleccionista de fragmentos, formalmente Kluge aprovecha diferentes medios y trabaja desde el inicio con la técnica del montaje, pues apuesta a la imagen dialéctica; la tercera imagen virtual que resulta de enfrentar cinematográficamente dos instantes condensados del presente para romper con su configuración histórica.
Él mismo definió sus películas como una obra en construcción, para diferenciarlas del concepto de la obra de arte singular y perfecta.
Las dificultades de afirmarse en una sociedad hostil y conservadora, la historia alemana contemporánea y la Segunda Guerra Mundial son temas que retoma una y otra vez en su cine y en su prosa.
Es que Kluge, además, posee una vasta obra literaria, es uno de los pocos autores alemanes que cultiva el cuento como parábola, igual que en su cine de ficción que no se caracteriza por ser un espejo del mundo, sino una parábola sobre él.
Como pocos artistas o intelectuales alemanes Alexander Kluge es desde hace casi cincuenta años un impulsor decisivo en materia de cine, televisión y literatura. En 2008, para coronar una larga serie de conmemoraciones, recibió el premio de honor de la Academia de Cine Alemana.
Este ciclo, presentado gracias a la invalorable colaboración del Instituto Goethe, reúne buena parte de su obra.
En sala Cinemateca (Lorenzo Carnelli 1311).
Entradas: $ 65, acompañantes de Socios de Cinemateca $ 65. Los socios de Cinemateca no abonan entrada.
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