Triunfos y decepciones en Il Trovatore del Teatro Solís
Sonaron así los primeros acordes de «Il Trovatore» dando comienzo a nuestra temporada.
En esta ocasión y a pesar de las altas expectativas que teníamos, el tenor Carlos Ventre no logró rendir con todas sus capacidades debido a una inoportuna laringitis y nos dejó con un Manrico pobre en cualidades vocales pero que fue mejorando conforme pasaron las funciones.
Aún así el público demostró una calurosa aclamación con el Si bemol de «La Pira» que logró alcanzar sin dificultades aparentes. Pero claro que cantar Manrico es mucho más que esa cabaletta y las exigencias líricas que el rol requiere no le permitieron dejar un Manrico del todo adecuado dado su evidente mal estado de salud.
La italiana Sara Galli dejó en escena una verdadera lección de cómo no se debe cantar Verdi. Está dotada de una enorme voz en volumen la cual domina el conjunto en dúos, tríos y concertantes logrando opacar a sus compañeros en forma negativa dado el exagerado vibrato que posee, asemejándose a un constante trino que cansaba al oyente a los pocos minutos de aparecer en escena. También careció absolutamente de fraseo, respirando en lugares inadecuados que cortaban la línea melódica y arruinando cada participación de Leonora.
El experimentado Luis Gaeta tampoco logró llegar al país en su mejor estado vocal y no pudo repetir un merecido triunfo que hiciera el año pasado con Rigoletto, llegando al punto de tener que abandonar su segunda función por enfermedad siendo así sustituido por Leonardo López-Linares que dejó un excelente trabajo a pesar de tener una voz no especialmente bella, pero que logró amoldarse al rol de Conde de Luna y dejarnos entre otras cosas un hermoso y nocturno «il balen del suo sorriso» en su primera función.
El gran acierto del primer elenco se lo debemos a la mezzo-soprano búlgara Mariana Pentcheva, que se adueñó de la ópera encarnando el rol de Azucena. La voz corrió por toda la sala llenando cada espacio con un registro muy uniforme en toda su tesitura vocal y una expresividad difícil de igualar. Actuó, cantó se metió en el personaje con total convicción ganándose al público. Vale recalcar su estupenda maestría a la hora de cantar el racconto en el segundo acto, culminando en un profundo «drizzarsi ancor». Dejó demostrado que su personaje es el verdadero protagonista de esta historia.
Dentro del segundo elenco no cabe ninguna duda de que hay que destacar a nuestra impresionante Sandra Silvera San Martín que el Solís ha tenido injustamente olvidada para sus temporadas hasta este año.
Comenzó para esta producción siendo cover de Rita Contino que cantaría la Leonora del segundo elenco pero que tuvo que retirarse por razones que desconocemos. Una voz totalmente lírica que transmitía todo lo requerido. Fue un gozo al oído y al alma escucharla frasear en la deliciosa «d´amor sull´ali rosee» ó encarar una perfecta pirotecnia vocal en sus dúos con López Linares. Fue sin dudarlo, uno de los puntos más altos en materia vocal desde que tenemos una temporada en el nuevo Solís y esperamos escucharla en futuras presentaciones.
El chileno José Azocar dueño de un gran instrumento, pareció estar en muy malas condiciones vocales para esta ocasión. Posee una voz poco adecuada para esta ópera encarnando al Manrico spinto y no al lírico para el cual Verdi escribió esta obra.
Como segunda Azucena, Cecilia Díaz aún siendo una gran intérprete, mostró una voz cansada, forzada y quedó muy disminuida al lado de la Azucena de Pentcheva.
La puesta en escena que fue pobre en comparación con anteriores producciones de Roberto Oswald resultó algo monótona, poco práctica en los cambios de escena y en la regia demostró hasta ser incoherente en varios momentos.
La dirección de Federico García Vigil no fue del todo satisfactoria, no siendo la ópera su fuerte. Muy correcto el trabajo de Antonio Domenighini y su dirección del coro del Sodre.
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