El gran escape
Sin embargo, tampoco deja de ser un producto de Hollywood. Toda la trama está armada siguiendo las recetas de los manuales de guión.
Un grupo de gallinas intenta escapar de un gallinero, que es mostrado en detalle como un campo de concentración nazi. Un gallo norteamericano que llega volando aporta cierta esperanza y revuelo que, aun después de su ida, lleva al desenlace.
Sus creadores, Peter Lord y Nick Park, forman la empresa, Aardman, famosa dentro y fuera de Inglaterra por sus cortometrajes y avisos publicitarios. Park ganó tres Oscar en la categoría y dos de sus cortos ganaron más de 80 premios.
Jeffrey Katzemberg, socio de Steven Spielberg en Dreamworks –productora de Hormiguitas y El Príncipe de Egipto–, consiguió llevarlos a Hollywood para un largometraje, solo después de firmar que los dejaría trabajar a gusto.
Aardman trabaja con plasticina, no con computadoras. Pero no con la misma estética que nuestro Walter Tournier (Los tatitos). De la plasticina se sacaron moldes para fabricar piel de latex con la que se recubrieron cuerpos de silicona en cuyo interior había «intricados mecanismos» para manipular las gallinas.
Park dice haber comenzado con el dibujo de una gallina cavando bajo un alambrado con una cuchara. La idea pasó al guionista Karey Kirkpatrick.
La gallina Ginger falla y falla en sus intentos de liderar una fuga, y cada vez es confinada a una celda de castigo. De a poco se presentan otras gallinas y dos ratas que trafican cosas. También se muestra el sombrío ambiente del campo, las rondas nocturnas y las formaciones matinales para pasar revista, durante las que se decide la decapitación y pase a olla de las que han dejado de poner huevos.
El gallo Rocky, que llega del aire, deja crecer la idea de que puede enseñarles a volar, para pasarla bien. En este punto, el libretista precisa una fecha para crear suspenso.
La severa granjera quiere cambiar de rubro: está instalando una máquina de fabricar tartas de gallina.
Ginger anhela la libertad. «Nunca he sentido el pasto bajo mis pies», añora. Rocky lo ha sentido y piensa volver a hacerlo cuando termine de disfrutar el gallinero. Cuando se complica la cosa, el norteamericano escapa solo. Ginger es laborista: «Todas o ninguna».
No falta una escena de baile, un par de máquinas fantásticas, un personaje tonto (el granjero), algunas escenas de acción y heroísmo y una salvación a ultímisimo momento.
El propio Mel Gibson, que prestó su voz a Rocky, se burla del viejo esquema: «Es la fórmula corriente. El gallo conoce a la gallina, el gallo y la gallina se enamoran, el gallo la pierde… ustedes saben cómo son estas cosas».
Compartí tu opinión con toda la comunidad