LIBROS: Etica y estética. "Testigo de uno mismo", de Mario Benedetti

La poesía como compromiso y los cruciales dilemas humanos

En «Testigo de uno mismo, el emblemático poeta y novelista Mario Benedetti ensaya una aguda y madura reflexión en torno a la soledad, el amor, la nostalgia, la vejez, la guerra, la violencia y el autoritarismo.

Este poemario, que estará a la venta en las librerías de nuestro país recién la semana próxima, será presentado oficialmente el martes 26 de agosto, a las 19.00 horas, durante un acto que se desarrollará en el Centro Cultural de España.

En los días previos, el Grupo Editorial Planeta organizó una fuerte movilización callejera, con el propósito de difundir la obra del octogenario autor, entre lectores de varias generaciones.

Benedetti, que el mes próximo cumplirá 88 años de edad, sigue siendo, sin dudas, una de las plumas referentes de la literatura nacional y universal.

A su indudable versatilidad estilística y su profundo abordaje conceptual de los problemas que atañen al ser humano que afronta el siempre renovado desafío de vivir, el autor ha sumado su inclaudicable compromiso político, ético y social con el cambio y las causas populares.

Su permanente denuncia de la injusticia y el autoritarismo lo expusieron a la persecución de la dictadura y lo forzaron a emprender la siempre dolorosa y traumática experiencia del exilio, durante los años más oscuros de nuestro pasado reciente.

Sin embargo, pese a la compulsiva ausencia física y la distancia geográfica, el monstruo autoritario jamás logró silenciar la potente voz del poeta, cuya pluma se transformó en demoledora espada de combate a la ignominia.

Esa épica militante le ha permitido erigirse en un auténtico paradigma para más de una generación, cuya mayor cualidad es, sin dudas, la de retratar nuestra identidad con la fina sensibilidad de un privilegiado testigo de la historia.

De su vasta producción poética, novelística y ensayística sobresalen títulos referentes: «Montevideanas», «Poemas de la oficina», «La tregua», «Vientos del exilio», «Primavera con una esquina rota», «Gracias por el fuego», «El olvido está lleno de memoria», «Andamios», «Perplejidades de fin de siglo», «Buzón de tiempo», «La borra de café», «La vida, ese paréntesis», «Insomnios y duermevelas» y «Existir todavía», entre otros títulos referentes de su producción.

Sus poesías están reunidas en tres voluminosos tomos de «Inventarios», los cuales condensan las diversas inflexiones y estaciones creativas del célebre autor compatriota.

En «Testigo de uno mismo», el escritor construye un ejercicio profundamente introspectivo, que transita raudamente por diversos territorios de su propia experiencia personal y nuestro presente.

Obviamente, el autor no soslaya el pasado, asumiendo cabalmente que la memoria es siempre una herramienta indispensable para interpretar al hombre y su circunstancia.

Aunque el rumbo cardinal de la obra está siempre marcado por los desafíos que impone un momento histórico de paradojas y contradicciones, aquí lo realmente primordial es la propia peripecia individual del autor.

Asumiendo la emergencia de trasuntar sus más inquietantes dilemas existenciales, el autor dialoga consigo mismo y con sus lectores, en torno a las diversas tensiones y conflictos que caracterizan a la condición humana.

La pluma del poeta se desliza a través de los ominosos territorios del miedo a la soledad, en un emotivo discurrir que se proyecta raudamente rumbo a la nostalgia.

Esa circunstancia lo confronta, naturalmente, a la siempre dramática fractura de la pérdida y al vacío interior de experimentar lo inexorable.

En ese contexto, irrumpe una de las materias primas primordiales del discurso poético benedettiano: la tiranía del tiempo, que demuele sentimientos, afectos y esperanzas.

La radicalidad de su verso está obviamente impregnada de angustia por los que ya no están, aunque permanecen atesorados por la memoria.

La permanente invocación a ese pasado huérfano que sin dudas le pertenece, opera, en más de un sentido, como una suerte de catarsis emocional.

El esperable tema de la muerte aflora en un paisaje literario de trazo deliberadamente desencantado, en una eclosión poética cargada de incertidumbres.

La presencia de la muerte también se intuye o se palpa en las permanentes alusiones al silencio, la oscuridad o aún la noche, en un ejercicio muy recurrente en su producción más reciente.

No obstante, más allá de su sesgo eminentemente desencantado, la pluma del autor exorciza frecuentemente sus propios fantasmas mediante el siempre vivificante bálsamo del amor.

Ese acento particularmente conmovedor reflexiona en torno al universo de los afectos, en un discurrir que, con frecuencia, recupera el indispensable aliento de la esperanza.

Aunque «Testigo de uno mismo» es un poético ensayo personal conjugado casi siempre en primera persona, Mario Benedetti no soslaya explícitas referencias a las tragedias colectivas de la humanidad del tercer milenio.

En ese contexto, el escritor alude explícitamente a la violencia, a la guerra, al odio y al imperialismo, entre otras muchas calamidades que azotan a la humanidad contemporánea.

Esta necesaria inflexión marca claramente su inclaudicable compromiso ético con la verdad, con la justicia social y con la construcción de un modelo más solidario, por cuya consecución luchó durante toda su vida.

Su vasta producción corrobora, sin lugar a dudas, que su pluma jamás ha permanecido ajena a la realidad y a los desafíos de su tumultuoso tiempo histórico.

Mario Benedetti conmueve y se conmueve ante el siempre inenarrable prodigio de la vida y el ominoso misterio de la muerte, marcando la crucialidad de los diversos estadios temporales de nuestra peripecia cotidiana

Como es habitual, su poesía es tan persuasiva como intuitiva, porque siempre interpreta cabalmente las tribulaciones propias y ajenas inherentes a la condición humana.

El verso benedettiano es una suerte de constante búsqueda existencial, que confirma la reconocida vocación del autor por hurgar en nuestros más inquietantes dilemas e incertidumbres.

Ensayando todas las estructuras poéticas imaginables, Mario Benedetti confirma nuevamente su indudable oficio para condensar la más amplia gama de sensaciones y emociones compartidas.

Aunque no todos los textos incluidos en esta obra mantienen la misma calidad creativa que ha exhibido en su prolongada carrera artística, la escritura de Mario Benedetti conserva enhiesta toda su sensibilidad y su incisiva y casi siempre demoledora impronta crítica.

A los casi 88 años de edad, el discurso poético del emblemático autor se ha tornado bastante más desencantado, fruto de las irreparables pérdidas que aún le agobian.

Esa circunstancia, que obviamente le atañe directamente, no le impide mantener una lúcida visión de la realidad y de los desafíos de nuestro presente.

«Testigo de uno mismo» es una obra profundamente reflexiva y fermental, en la cual Benedetti nos interpela y se interpela, mediante un lenguaje que mixtura la radicalidad de la denuncia con el testimonio, la belleza de la forma y la metáfora.

Su indudable sabiduría literaria y su reconocida cualidad para comunicar mediante el primordial vehículo de la palabra escrita, le permiten renovar su romance con el lector.

(Edición de Seix Barral)

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