Un lugar en el mundo
El fuerte de esta película es la poco común sutileza para ir mostrando pequeños cambios en una relación humana.
No pasan muchas grandes cosas, e incluso lo poco que pasa, lo poco que tiene en común con un filme «de acción» convencional, parece de más. Como si el director se hubiera asustado de su propia sobriedad, y quizá ahí está la discrepancia con el autor de la novela, estampada en holandés sin traducir en los títulos finales. Lo que importa, en todo caso, es la cantidad y la elocuencia de las cosas pequeñas que pasan.
Una mujer huye asustada, sangrante, semidesnuda y descalza por una coqueta pequeña ciudad holandesa y luego por el campo. Así comienza esta película, pero esa corrida hasta la extenuación es puesta antes de los títulos, separada del cuerpo de la narración. Esta transcurrirá sin corridas.
La mujer, Anna (Monic Hendrickx), es encontrada por un campesino, Henk (Jaap Spijkers), que atina a llevarla a su casa, bañarla con una manguera y acostarla en la cama de su madre.
Todos los datos importan. Lo que primero se muestra sobre la mesada de la cocina, la posición de la radio, cuando se corta con cuchillo o con tenedor, cómo se apilan los recibos, como se reza y cómo se anuda el pañuelo.
Porque esas son las cosas que llenan los instantes que componen la vida. Y en este caso, se trata de la irrupción de una vida en otra. De la de una inmigrante de país lejano, con familia lejana, amores pasados, errores, enemigos y miedos, en la de un campesino sedentario solterón, que trabaja el campo de sus abuelos y bisabuelos y va llevando las mismas deudas bancarias.
En más de un sentido, hablan dos idiomas, pero no anhelan cosas muy distintas: paz, un plato de verduras guisadas y algo de afecto. Por eso la película está resuelta con pocas palabras y gestos universales.
El primer día, la mujer se repone. El segundo tienta el terreno, más tarde ayuda un poco con la limpieza, luego con las gallinas. El le trae un libro bilingüe con el que ella comienza a hacerse entender. Van de compras, aparecen familiaridades, algunas alegrías y algunos roces entre el carácter de ella y la docilidad de él, a quien todavía falta la madre.
Si al principio se trata sólo de un refugio, luego será un empleo: él le pagará el sueldo; y más tarde otra cosa ella le devolverá el dinero: los de la casa no cobran. Pero todavía no es amor, todavía no aparece la «novia».
Este crescendo termina con la escena más hermosa: ella sigue al tractor y él lo deja marchando solo, baja y ambos juegan detrás de la máquina que, sola, surca recta el campo plano de Groninge.
En general, los guionistas tienen mucho problema para crear un crescendo de este tipo. Suelen mostrarlo con hechos clave que dividen etapas bruscas. Los directores tienen más problemas aún para manejarse. Aquí Traidia va cambiando sutilmente toda la imagen, desde los sombríos interiores hasta el campo luminoso. Pero los que tienen más problemas con las gradaciones son los actores. Un actor malo muestra en la primera escena todo su personaje. Spijkers, y sobre todo Hendrickx (que ganó varios premios por este papel), nos van ofreciendo aspectos con los que no contábamos. Tan moduladamente, que cuando surge la primera sonrisa, ésta produce un impacto mayor que el primer muerto de una película «de acción».
Ahí lo más maravilloso. Luego, claro, tiene que irrumpir la vida. Ella había firmado legalmente un contrato de trabajo y entregado sus documentos a un hombre que la obligó a prostituirse. Ahora reaparece, cosa que los protagonistas tienen que resolver como pueden.
La estructura dramática a la que está acostumbrado el público exige que al final se aten los hilos sueltos en un solo nudo, para no dejar la sensación de que no se contó nada más que detalles sueltos. Traidia resuelve esto y lo hace bien, sin traicionar a sus personajes, tan trabajosamente construidos.
El dijo que tres ideas lo guiaron: su propia experiencia y expectativas de emigrado; la creencia de que un campesino es más o menos igual en cualquier parte, con una misma relación con la tierra –llama al paisaje «tercer personaje» de su película–, y la relación de sus padres, a los que nunca vio besarse, pero se tenían un respeto y afecto esencial.
Todo esto redondeó en una obra que es de cámara, pero que ciertamente no es una película menor.
Compartí tu opinión con toda la comunidad