MADE IN CHINA ORIGINALES
Las neuronas retomaron vitalidad, se sintieron muy jóvenes, alegres, atontadas por todo ese milagro cacheteado al mundo por los chinos en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín.
El balance fue tan apabullante que nunca antes se había llegado a una expresión tan genial de lo visual. La televisión, por tanto, fue la vencedora, la que atrapó a miles de millones de espectadores.
Nadie en radio pudo explicar ese desborde porque las palabras no podían trasmitir la belleza que se nos daba a los televidentes.
Los diarios, tampoco pudieron igualar lo magnífico aunque aportaron, algo es algo, abundante material fotográfico de las maravillas orientales.
Sinónimos o ideas fines, siguiendo a Fernando Corripio, serán desde ahora en más lo que intentaremos acoplar a los recuerdos de esa fiesta.
El comienzo con los tambores tradicionales que, luego en un estadio a oscuras, fueron iluminándose en la cuenta regresiva para la apertura, los despliegues de símbolos, el recorrido por su historia, la salida del enorme globo terráqueo recorrido por atletas que giraban en ese mundo virtual, el encendido de la llama olímpica con un veterano campeón que caminaba por el aire pero detrás le acompañaba una extensa alfombra virtual, totalmente virtual por todo el estadio, puede aceptar calificativos como fascinante, deslumbrante, encantador, alucinante, seductor, soberbio, espléndido, espectacular, grandioso, resplandeciente, refulgente, radiante, fulgurante, sobresaliente, descollante, hermoso, perfecto, sublime, majestuoso, brillante, rutilante, asombroso, mágico, quimérico, fantástico, increíble, portentoso, prodigioso, fenomenal, impresionante, exuberante, fastuoso, sublime, mirífico, excelente, fastuoso, encantador, admirable, cautivante, embeleso, jubiloso, pasmoso, excepcional, indescriptible, extático, hechizante, formidable, excelso, encantador, subyugante, jubiloso, exultante, regocijante, resplandeciente y por sobre todo alegre.
Un pueblo que se daba a conocer. Mostrándose originales.
En lo que puede criticarse está en el tiempo largo del desfile.
Horas. Pero, al fin de cuentas, nos sirve para ubicarnos en un mundo donde 204 países juegan a la paz y nos permite conocer naciones y banderas que nunca habíamos visto.
También algún error en la elección musical durante el desfile.
Para los latinoamericanos nos parece exagerado oír únicamente a un grupo con temas mexicanos, muy a lo charros, que poco o nada tienen que ver con lo de acá y que sonaban en cualquier momento aunque no desfilase ninguna delegación de este continente.
El lujo de los fuegos artificiales merecería otro capítulo aparte.
Pero ya los adjetivos se nos fueron agotando.
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