
La elogiada película es una adaptación cinematográfica de “Un secret”, novela autobiográfica del psicoanalista Philippe Grimbert, cuyo guión estuvo a cargo del propio Miller y de Natalie Carter.
El calificado reparto está integrado por Cécile de France, Patrick Bruel, Ludivine Sagnier, Julie Depardieu, Mathieu Amalric, Valentin Vigourt y Quentin Dubuis, entre otros.
La obra indaga en los siempre dramáticos efectos residuales de la Segunda Guerra Mundial y la brutal represión perpetrada por el fanatizado nazi fascismo contra los judíos y opositores al modelo autoritario que se expandió por toda Europa.
Aunque la historia transcurre en varios tiempos concatenados por el hito conductor de una sólida narración, el filme trasciende al mero abordaje convencional del siempre impactante género testimonial.
El realizador recurre a una permanente alternancia entre el color y el blanco y negro, con el propósito de enfatizar y repotenciar las secuencias que retratan los diversos estadios temporales y hasta emocionales de los personajes.
En este caso concreto, la temporalidad opera como disparador de la reflexión y el permanente fluir de las tensiones que subyacen en el inconsciente del personaje central del relato.
No es casual que el protagonista sea un niño frágil y retraído, cuya soledad le induce a inventar un hermano imaginario más fuerte que él, que participa en sus juegos pero también en sus más abrumadoras pesadillas.
El pequeño François experimenta sentimientos encontrados. Aunque se sabe amado por sus progenitores, tiene la íntima convicción que no colma las expectativas de su padre, un ex campeón de natación.
Cuando cumple 15 años, descubre, inesperadamente, su origen judío que le remite a los tiempos del holocausto y a un secreto del pasado de su padre que le genera una profunda conmoción emocional.
La obra, que transcurre entre 1935 y 1985, es una suerte de búsqueda retrospectiva y existencial, que apunta, en muy buena medida, a homenajear a las víctimas de la barbarie, que padecieron y perecieron en los campos de concentración.
Esa búsqueda está precisamente inducida por las ambiguas conductas de los propios personajes, cuyas actitudes de deliberado ocultamiento generan traumáticas situaciones.
En el relato, aflora un oscuro secreto familiar y la historia de una pasión, que se entrecruzan en el conmovedor periplo interior del protagonista. No obstante, esa verdad agobiante coadyuva a motorizar la construcción de su propio destino.
“Un secreto”, que ha cosechado justificados elogios de la crítica internacional, es un filme potente y removedor, que confirma las indudables cualidades artísticas de Claude Miller.
En más de un sentido, el filme retrata el trauma padecido por las víctimas del terrorismo de Estado, situación claramente extrapolable a otras experiencias históricas bastante más cercanas y contemporáneas.
Aunque la obra apunta a indagar más en las conductas humanas que a emitir categóricos juicios de valor, el resultado global es un ensayo sobre la naturaleza humana con todas sus contradicciones.
Una de las mayores cualidades del filme es el ajustado manejo de los tiempos reales y virtuales, en un discurrir que siempre apunta a desentrañar verdades necesariamente dolorosas.
En efecto, el texto original, adaptado al formato cinematográfico y devenido en producto artístico, trabaja primordialmente con la memoria como disparador y movilizador de experiencias individuales y colectivas.
Ese permanente fluir entre el pasado y el presente que llega a involucrar al propio espectador, son los dos componentes vertebrales de una historia de trazo contundentemente testimonial.
“Un secreto”, que arribará a nuestro circuito cinematográfico el viernes 15 de agosto, es un filme profundamente reflexivo, que ensaya una nueva mirada sobre un tiempo de odio e intolerancia.
Más allá de sus plausibles cualidades artísticas, la obra reflexiona sobre la naturaleza de la violencia y las inevitables secuelas temporales y emocionales del fantasma autoritario.
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