Se estrenó Slam en Cinema sala Paradiso

La balada del gueto negro

Hasta hace algún tiempo, la única referencia que tenía sobre el término «slam» era una colaboración entre los pesados Biohazard y los no menos pesados Onyx que llevaba por título tal palabra. «Slam» tambien era la forma de denominar en México y algunos países de Centroamérica a lo que en Uruguay y aledaños se denomina «pogo»: bailar dando saltos y chocando con quienes estan alrededor. Slam, el filme, alude en cambio a la cadencia de la poesía rimada al ser rapeada por los MC’s (masters of ceremonies o maestros de ceremonias).

Slam la historia está filmada en un estilo documental (Levin es un reconocido documentalista) y narra los avatares de Raymond Joshua (Saul Williams), un poeta del rap que cada tanto distribuye droga como estrategia de supervivencia. Sorprendido durante una «transa», Joshua debe pasar un tiempo en la cárcel y, luego de salir bajo fianza, aguardar su juicio.

En el filme, el slam (la versión más poética del rap) es presentado como una forma de expresión que permite a Joshua aceptar la parte que le corresponde (su lugar, su rol y sus jugadas) en ese mundo violento y de pobres perspectivas de desarrollo personal. En apariencia lejos del modelo de película sobre gángsters negros (Boyz’n the hood, Juice y otras), Slam se plantea como una reflexión serena y no violenta sobre el problema de la pobreza en los barrios negros estadounidenses, formalmente a contramano de los planteos visuales que resultan atractivos para la industria hollywodense: cortes abruptos, secuencias sin solución de continuidad y una intencional sensación de inmediatez permeando todo el filme.

El propio Levin ha señalado: «A mi camarógrafo le di tres reglas muy simples: menos siempre es mejor, muévete con los personajes y sígueme».

El responsable de la música es DJ Spooky, uno de los músicos más llamativos (y a la vez de perfil más bajo) surgidos en la década del noventa en el under neoyorquino, creando una música sinuosa que se mueve entre el ‘trip hop’ más tenue y el ‘jungle’ más furioso.

De su mano aparece una recorrida por el trabajo de varios de los mejores raperos de la actualidad, desde una perspectiva no necesariamente asociada al éxito discográfico (el propio DJ Spooky está bien lejos de ser un gran vendedor de discos), privilegiando en cambio la poesía, el decir verbal de los MC’s que suenan en el filme. Está por ahí el virtuoso y rudo Ol’ Dirty Bastard del Wu Tang Clan, también otros como Pras, Noreaga, Mobb Deep, Big Punisher, algo del viejo Earth, Wind and Fire y algunos temas del propio Spooky, especialista en la creación de paisajes sonoros abstractos.

Aunque el público uruguayo hace tiempo que viene escuchando a raperos de todo pelo, por lo general tiende a considerarlos A) unos tipos que no saben cantar y por eso hablan o B) unos homófobos de cuidado que son parte de complot mundial de los EEUU para dominar las mentes jóvenes. Gracias a su aura under y anticomercial (el filme costó «solamente» un millón de dólares), Slam puede ser la puerta que muestre a los cinéfilos «cultos» y de los otros el peso cultural que tiene uno de los personajes más importantes del hip hop (el rapero), uno de los géneros que con mayor profundidad ha sacudido el mundo de la música popular.

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