"La belleza del conocimiento humano es que cabe de todo"
Tras arrasar con «El laberinto del fauno» (tres Oscar, selección oficial en Cannes) y ganar prestigio como productor con «El orfanato», de J.A. Bayona (siete premios Goya de la Academia del Cine Español), el mexicano Guillermo del Toro regresa con «Hellboy (II)», continuación de su trepidante adaptación de este personaje de cómic creado por Mike Mignola, la historia de un demonio con debilidades y corazón.
¿Qué le atrae de este diablillo?
De Hellboy me gusta que es un tipo común y corriente, de andar por casa, pero en un trabajo realmente extraordinario. Es un tipo que no tiene idea de lo especial que es su trabajo, que reacciona como cualquier otro profesional, trabaja un poco a regañadientes, no es el superhéroe imbuido del sueño americano, que lucha por la justicia, que no comete errores y es siempre recto. Este es un poco tonto, de muy buen corazón, un poco una bestia noble, que comete errores frecuentemente. Su técnica es poco sofisticada. Me encanta la idea de un tipo así.
Hellboy I terminaba con una frase lapidaria: «¿Qué hace realmente hombre a un hombre? Las decisiones. No es cómo uno empieza sino cómo termina». ¿Qué quería decir?
-Como ex católico, me planteé mi fascinación por la idea de dónde está el alma. Y, bueno, creo que el asiento del alma es el libre albedrío. Lo que hace humano al humano es la decisión. Cuando decimos «no tuve otra opción» es una gran mentira, excepto si son circunstancias exclusivamente del mundo físico; si no, creo que siempre hay alguna opción.
Religión y ciencia marcan tramas en sus películas. ¿Cómo encaja la ciencia en su vida? ¿Le da miedo hasta dónde pueden llegar los avances o le dan seguridad? ¿Lo inquietan o le dan confianza?
Me dan miedo todos los absolutos. Creo que la belleza del conocimiento humano es que es interdisciplinario, que hay un momento en que la música, las matemáticas, la poesía se mezclan, hay un momento en que las ecuaciones pueden tener una estética poética y la ciencia puede sonar como concepto religioso, sonar como magia. Cuando hay alguien fundamentalista que defiende sólo una bandera, me da un poco de miedo. La belleza del conocimiento humano es que cabe todo. Hay gente que dice que en El laberinto del fauno la fantasía vale más que la realidad; no lo creo. La fantasía es la única herramienta que la niña tiene para entender su realidad. Yo de ninguna manera digo que la imaginación es la fuerza suprema del universo; de la misma manera, la ciencia es fascinante, pero no puede ser un absoluto.
¿Cree en los fenómenos paranormales?
Yo sí creo, pero porque los he experimentado alguna vez. Me definiría como un escéptico, pero me han pasado cosas… En su momento, de joven, con un amigo, por una carretera de México, hemos visto lo que creemos muy a ciencia cierta que era un ovni, por cómo se movía, cómo se acercó a nosotros, por el tamaño que tenía, por la forma, cómo se movió de manera no lineal en el cielo, al punto de que estaba lejos y, de repente, en un abrir y cerrar de ojos, a sólo tres kilómetros de nosotros. La forma era la tradicional y aburridísima de dos platos invertidos con luz, uno encima del otro. Lo vimos algunos minutos. Pero es que éramos unos inconscientes; paramos, usamos el claxon, echamos las luces, y aquello de repente se movió. Cuando se acercó, nos cagamos de miedo, nos subimos al auto y aceleramos todo lo que pudimos, volteaba yo hacia atrás y ahí estaba, siguiéndonos. Los dos vimos absolutamente lo mismo».
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