La ley de la supervivencia
Nunca imaginó ese supervisor de Federal Express tan querido por sus colegas que, inesperadamente, iba a tener que enfrentar la mayor experiencia de su vida, tal vez la más terrible, y sobrevivirla con ese plus físico, intelectual y emocional que emerge de quién sabe dónde en situaciones extremas, prácticamente terminales.
Lo cierto es que Chuck Noland (Tom Hanks) en el largometraje Náufrago (Cast Away), de Robert Zemeckis, es un individuo común con habilidades propias que lo han situado en sitio destacado para la empresa que trabaja y posee una novia (Helen Hunt, quien aparecerá en contadas escenas de inicio y epílogo del metraje con su natural carisma y solvencia) con la que está en zona de turbulencia afectiva, así que decidió pasar la Navidad con ella para ordenar la morada afectiva y hacerla efectiva.
Un llamado telefónico lo arruina todo: hay que viajar de improviso a solucionar unos problemas de orden interno en Malasia y, en una noche de tormenta perfecta, el avión se precipita al océano. ¿Hay sobrevivientes? El bonachón de Chuck Noland.
Náufrago, desde luego, remite a Julio Verne (aún cuando el personaje afiliará su peripecia o su pesadilla desolada a todo lo que Gilligan desde su isla enseñó en términos de supervivencia). En definitiva, asistimos a un Crusoe sin Viernes que sobrevive al crash aéreo y que, en una pequeña isla en el Pacífico, deberá tolerar los embates climáticos y todo tipo de inclemencias solamente con su peripecia manual e intelectual, un bote inflable, una pelota a la que llama Wilson (por la marca del balón) a la que dibuja un rostro con sangre que encontró de las cajas de correo (de FedEx) que fueron llegando secuencialmente hasta la orilla.
Zemeckis, uno de los mejores alumnos de Steven Spielberg, se ha caracterizado por fundar obras donde ha prevalecido el sentido de la aventura (la saga de Volver al futuro), el manejo soberbio de los efectos especiales y el sentido del espectáculo (Roger Rabbit o la laureada Forrest Gump donde precisamente trabajó con Hanks) con un desarrollo de las respectivas historias que lograron alta taquilla y a la vez prestigio con sus pares. Un mal paso: Revelaciones.
Aquí Zemeckis se despoja de todo, y construye y desarrolla su trama argumental a partir de ese individuo que deberá valerse por sí mismo durante cuatro desmoronadores años para sobrevivir. Sobrevivir a todo: desde las necesidades básicas de conseguir alimento y refugio, hasta soportar el estrés del solitario cuyo interlocutor para sus meditaciones en voz alta es nada menos que una pelota (Wilson) con un rostro dibujado con la sangre de una herida que sufrió el protagonista.
Hay una labor impecable en el manejo de las mínimas pero intensas líneas de diálogo (en rigor monólogos) del personaje que compone superlativamente Hanks y, a la vez, una tremenda labor de las cámaras –un uso infatigable de los primeros planos intercalados por panorámicas, para mostrar las diferentes fases anímicas y físicas por las que transcurre Hanks, algo inusual en Zemeckis– que capturan la paisajística, la geografía territorial y emocional de ese Noland que se perderá en sus tinieblas, resucitará, volverá a caer hasta llegar incluso a un fallido intento de suicidio, pero que los motores de la supervivencia lo elevarán al todo y nada del oceáno en una balsa que armó a puro pulmón.
El rendimiento actoral de Tom Hanks en Náufrago es toda una lección de destreza, de capacidad de resolución expresiva en situaciones altamente delicadas, especialmente cuando el personaje roza la locura y delira, mientras duerme agitado, despierta bruscamente y observa lánguidamente el rostro de su novia (Hunt) en una fotografía colocada en un antiquísimo reloj de mano, seguramente única razón para seguirle ganándole la partida a la resignación.
El epílogo del filme no debe contarse porque depara emociones genuinas para los espectadores, una vez que el personaje de Hanks es rescatado y vuelto a su trabajo y una cotidianeidad que vuelve a asombrarlo. La pregunta es qué ha ocurrido con su novia.
Habrá que concurrir al cine para saberlo y, de paso, ver un filme con un planteo estético y estilístico distinto de parte de Zemeckis que salva la prueba y con un Hanks fuera de serie.
Preestreno en Hoyt General Cinema, Punta del Este.
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