Definición. "Hay dos clases de músicos: unos por la dignidad humana, otros por el envilecimiento

Rodolfo Mederos: invitado de lujo en Piriápolis de película

El filme «El otro camino» que inaugura el Festival Cinematográfico Piriápolis de película, obtuvo el FIPA de Oro del Festival de Biarritz 2007. Mederos presentará la cinta y tocará en el auditorio del Festival.

Bandoneonista, compositor y arreglador, es en cada rincón de sí mismo, un músico con todo el significado y la magnitud de la palabra que lo define.

Es su personalidad avasallante la que milita el tango que nos transmite un estilo colmado de esencia y emoción popular, al mismo tiempo que le arranca a cada sonido de sus obras un universo de raíces ondas y de destacado buen gusto.

Su actividad abarca la composición de obras desde populares hasta sinfónicas, a través de distintas agrupaciones instrumentales, sin olvidar su condición de intérprete colmada de profunda musicalidad y su intensa actividad pedagógica que desarrolla tanto en talleres como en sus publicaciones específicas del bandoneón, la composición y la orquestación.

Respecto a su música Mederos afirmó que siempre ha creído que hay dos maneras de hacer música, «la que uno desea y la que impone la industria. La primera es la eterna lucha en la búsqueda, sin saber cuál será el resultado, sólo anhela el hecho artístico en sí mismo. La segunda es más segura y confortable en tanto satisfaga deseos diseñados por la moda: la esclavitud. Aquella en cambio, posee un privilegio: ser uno mismo. Ambas exigen un precio y requieren talento. Yo prefiero la primera; admiro y aliento a los que hacen su música de esta manera.

Alimentarse del pasado y manifestar el presente es la idea que guía mi trabajo desde siempre, y aquí no importa cómo se llame esa música. Intenta despertar más que adormecer, preguntar más que responder, y en la medida que lo haya conseguido, tiene sentido para mí.

Más allá del vanguardismo, hay que rescatar también el pasado, porque se piensa sobre lo pensado, se escribe sobre lo escrito y se camina sobre lo caminado. Vanguardia es ir hacia delante… poniendo un pie atrás.

El deseo de repetir estímulos agradables, por un lado, y la necesidad de enfrentarse a estímulos diferentes, por otro, son dos fuerzas que gobiernan nuestros actos.

Fuerzas que luchan permanentemente para imponerse entre sí: una, a favor de lo conocido, lo tranquilizante; la otra, en busca de lo nuevo, lo incierto, lo excitante. Una nos impulsa hacia atrás, hacia el pasado conocido; la otra mira hacia lo que vendrá, hacia lo que aún no ha sido hecho. Así somos los humanos. Rechazar o aceptar el desafío de lo desconocido y, con esto, rechazar o aceptar nuestros propios cambios es sin duda la cuestión.

Actitudes, gustos y preferencias quedan así determinados. Desde la ideología hasta el acto amoroso, desde un paseo en la calle hasta la elección de la música, están guiados por este mecanismo.

Creo firmemente que una obra artística verdadera deberá ser siempre modificadora del espíritu.

Nunca fomentará la mediocre quietud que es casi sinónimo de la muerte. Apelará más bien a conmover en profundidad y, a veces, en forma violenta. Dicho de esta forma, no siempre será tibiamente agradable, sino quizá abiertamente provocadora.

Buscará desestructurar para luego reacomodar.

Ya no somos igual que instantes atrás. Es entonces cuando se habrá producido el maravilloso y humano fenómeno de la transformación.

Es ahora cuando somos irremediablemente distintos, habremos crecido.

Crecer es un privilegio de todos y es necesario permitírselo a sí mismo.

Entregarse con entusiasmo a experiencias nuevas es vital e impostergable, y es aquí donde la batalla contra el prejuicio, el temor, y todo lo que nos inmovilice, debiera ganarse.

La actitud del hombre se abre paso entre lo estático y lo activo, entre el recuerdo y la esperanza, entre la mansedumbre y la valentía. El arte en general y, en este caso, la música en particular participan también en esta dualidad.

Hay dos clases de músicos: Los que están en pro de la dignidad humana y los que están a favor del envilecimiento.

Si hay un infinito, creo que puede ser la música. La misma es una resurrección permanente.

La música no es buena, porque tenga mucho, sino porque precisa poco.

No se trata de saber qué poner, sino qué sacar».

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