Balance de una temporada estéticamente correcta
Ese despliegue imaginativo, calculado al máximo en cada detalle y en cada rubro, no fue alcanzado por las demás exposiciones que vinieron del exterior, aunque algunas rozaron la excelencia. De hecho y aunque pocas, concentraron el mayor atractivo del año que fue. Salvo un par de ellas, no surcaron el conflictivo presente, ese que se puede ver en los encuentros internacionales. Predominaron lenguajes conocidos y aceptados que no recogen el ritmo de la vida actual y se recuestan mansamente en un pasado inmediato y, en algún caso, histórico y lejano, aunque de singular penetración, como El retorno de los ángeles, la pintura virreinal boliviana. En Montevideo por tres un equipo francés que supo dar una visión diferente de la ciudad y sus habitantes con una tecnología discreta y eficaz mientras que la escultora colombiana Teresa Sánchez trabajó, acercando con acierto la brecha que separa (y une) la artesanía y la escultura en una simbiosis singular. El alemán Georg Baselitz, con buenos grabados, evidenció que su fama desmesurada es otro equívoco de un brillo momentáneo. El detalle se puede ver en Los destacados de 2000.
El arte nacional padece de un estancamiento temporario. No hubo revelaciones jóvenes (un síntoma inquietante) y las muestras individuales, en su mayoría de pintura, prolongan los esquemas conocidos sin las virtudes de la energía de otrora, domesticadas por la insistencia de un vocabulario zombie. Lo mismo sucedió con la escultura que, de manera insólita, resurgió en cantidad pero escasa calidad, aunque Wifredo Díaz Valdez mostró piezas ignoradas de su taller, en riguroso montaje, y Octavio Podestá colocó sus obras en los jardines del Instituto Crandon y se asimilaron al ambiente. La fotografía fue abundante, en especial en las publicaciones, un hecho insólito en el país en crisis económica galopante. Los experimentos con los nuevos lenguajes (videos, instalaciones) fueron reducidos, sin comparar con la vitalidad demostrada en 1999.
Algunos rasgos curiosos del año.
Publicaciones Proliferaron los catálogos, bien diseñados e impresos, aunque los prólogos carecieron de inspiración o enjundia conceptual y prefirieron navegar por vaguedades e inconsistencias que alejan al lector del hecho plástico. Algo que también se extendió a los libros editados que, salvo los textos de Angel Kalenberg y Miguel Carbajal en Julio Testoni, tuvieron introducciones débiles, reducidas casi a notículas que desaprovecharon el esfuerzo notable de impresión (Aquelarre). Una nueva revista, Casatop, guía anual de la Galería Lucía Ametrano, magníficamente diseñada, se agregó a la más periódica Elarqa que alcanzó el número 36.
Afiches Vinieron de varias partes. Los mejores, de Francia, y aunque mal presentados, los polacos dejaron intacta una imaginación que no cesa. Se agregaron de Cuba y de la República Checa, de calidad, pero con un montaje indigno.
Artesanías Procedentes del exterior se vieron azulejos portugueses, arte popular paraguayo, tejidos navajos de Estados Unidos, sin mayor interés pese a sus notables antecedentes, que se agregaron a los guasqueros nacionales, una noble artesanía, que contrastó con las manualidades de Hecho acá. La II Bienal del Objeto Artesanal pasó sin pena ni gloria y quizá no valga la pena insistir en su realización hasta que no surja una generación con mayor intrepidez creadora.
Sin fondos ni salón municipal El Fondo Capital, pasada la contienda electoral, se suspendió así como el Salón Municipal, otro signo de la desorientación e incompetencia comunales que contamina todos los sectores de la cultura con una actitud de estulticia.
TV Ciudad El mejor canal de contenido nacional, con aciertos notables en la presentación gráfica, en la difusión de artistas nacionales que, aunque digitados desde ciertos círculos asesores proclives al amiguismo, difundió nombres nacionales, repetidos hasta la total vaguedad. La Agenda Cultural siempre fue omisa de lo mejor y tardía en la información. Ahora, con un nuevo elenco, habrá opciones de cambio y esperanza (ma non troppo) de cristalinidad. Mientras los técnicos no se apoyen en la opinión de especialistas atentos a la realidad nacional, sin otra preferencia que la calidad, será inútil sustituir nombres.
Tropiezo francés El Premio Paul Cézanne (de poca envergadura en esta edición) fue una grosera y escandalosa implicancia entre jurado y participantes. El gremio de los artistas uruguayos permaneció silencioso y pasivo ante este resabio vetusto de viejas prácticas políticas estirpado desde hacía bastante tiempo. Reintroducirlas y aceptarlas es un caso típico de sumisión ante la arrogancia y el empecinamiento del error ético una vez denunciado.
Arquitectura Además de Santiago Calatrava, por los festejos de la Facultad de Arquitectura circularon modestas exposiciones de Antonio Bonet y Aalvar Alto, mientras que la arquitectura israelita se lució en el Atrio Municipal.
Cultura municipal en caída El arquitecto Mariano Arana avanza en la privatización de espacios públicos y la Plaza del Entrevero es otro ejemplo impar de entreverado y vulgar diseño que acompaña al ocultamiento de la fachada de la Sala Zitarrosa y el discutible reciclamiento interno. La aceptación de más bustos (Tolstoi, Gagarin, el adefesio dedicado a Alberto Candeau, entre otras indignidades públicas) que afean la ciudad, es otra constante, mientras la cartelería comercial aumenta la contaminación visual. El marqueting, el populismo y la demagogia ganan la partida.
Escultores Se multiplicaron o resurgieron pero pocos asumieron una nota renovadora como la de Pablo Damiani, la eficacia operativa de Wifredo Díaz Valdez o la adaptación ambiental de Octavio Podestá.
Lo nuevo Los artistas uruguayos hablan de arte en el Museo Nacional de Artes Visuales y repasan sus trayectorias, exponen sus ideas ante el público, en la principal pinacoteca que los reconoce en tiempo y forma, mientras la cámara los registra en video.
Fiascos del año Un equipo de investigadores procedentes de varias disciplinas naufragaron en el intento de buscar la identidad nacional en Como Uruguay no hay apoyándose en supuestas mitologías populares (se eligió a Delmira Agustini y se olvidó a Juana de América, para citar un caso de ceguera referencial) y resultó un burdo y caprichoso recorrido de feria barrial donde saben hacerlo mejor. Desde luego, con implicancia indeseable (e indeseada) de uno de los organizadores que en un gesto vergonzante retiró, días después de inaugurada, sus propios libros de la muestra. Hecho acá tuvo una clamorosa publicidad televisiva y el público aguantó varias cuadras de cola para ver (previo pago) un pandemonio de manualidades que confunde y deseduca. La serie de Enrique Medina sobre La última cena de Leonardo fue un experimento pictórico fallido en su casi monótono traslado a diferentes tamaños y bolsillos. Las Reproducciones de Arte Rupestre en Uruguay se pareció a la cueva de Alí Babá en su ingenuidad evocativa.
Nuevos espacios Se abrieron nuevas salas (El Molino de Pérez, Frida, Carrasco Lawn Tennis, entre otros recintos de intermitente actividad) con propuestas diversas y erráticas, por lo menos hasta el momento.
Iniciativas La de Mario Sagradini en la Facultad de Arquitectura y la interferencia de Ojo 2000, al proponer dinamizar el espacio interior con una lectura diferente y fue neutralizado por el desorden existente y el vandalismo de los estudiantes que destruyeron las obras.
Simposio intramuros El que realizó la Escuela Nacional de Bellas Artes, con algunos invitados del exterior de interés y de los otros, esos que leen la misma conferencia en todos la
dos, con nutrida asistencia estudiantil y escasa repercusión (por falta de comunicados) periodística.
Rescate de un grabador Manuel Domínguez Nieto, grabador uruguayo (casi) desconocido hasta el momento, fue rescatado del anonimato en su primera muestra individual, luego de trabajar el linóleo durante medio siglo.
Crítica distraída y omisa Aunque hay semanarios que cuentan con cuatro colaboradores para las reseñas críticas, puede pasar un mes sin publicar ningún artículo. Lo mismo pasó en la prensa diaria, preferentemente dedicada a los elogios propios y al olvido ajeno. Los críticos (o aspirantes a) ejercen una función camaleónica pasando, en alternancia o en simultáneo, a curadores, expositores, docentes y volviendo, a la crítica, sin ningún rubor en cada caso, perdiendo credibilidad en la multiplicidad de tareas. No se puede reunir la divina facultad de ser omnisciente ni estar omnipresente. Algún día deberán optar.
Visiones montevidenas Fueron las del equipo francés de Montevideo por tres, la visión pictórica y de recorte de Luis Arbondo, una sutil reflexión sobre la propia pintura, y en especial A través de un siglo, un ejemplo de cómo reconstituir el pasado con imaginación y sin poderosas fundaciones extranjeras que apoyen.
Un poco de renovación Un aire refrescante atravesó el video de seis minutos de Martín Sastre para Invisible 2, apostando al humor y a los nuevos medios que, en el caso de la muestra individual (irregular), la potenció con un CD ROM. Sus colegas (también de Identidad & Banalidad) no estuvieron a la misma altura y fue más interesante la vitrina a la calle que la muestra misma. La gráfica digital estuvo representada por Eduardo Fornasari y el sexteto Klaatu Barada Nikto.
Varias veces premiada Rita Fischer hizo una excelente instalación (recreación más pequeña de la efectuada en la Bienal de Porto Alegre) y luego fue premiada en dos oportunidades por trabajos menores aunque su talento sabrá aprovechar la experiencia en Saint-Etienne.
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