Conmovidos, varios cientos de moscovitas de cierta edad desafiaron ayer una lluvia torrencial para dar su último adiós al escritor y figura de la disidencia, Alexander Solzhenitsin.
Un lento desfile tuvo lugar frente a los restos mortales del escritor fallecido en su casa cerca de Moscú, expuestos en el féretro abierto, como impone la tradición ortodoxa, en el hall de honor de mármol de la Academia de Ciencias de la capital rusa, en la avenida Lenin, con un tenue fondo de música fúnebre.
Los restos de Solzhenitsin serán inhumados hoy en el cementerio del monasterio Donskoi de Moscú, tal como había pedido en vida el escritor a la iglesia Ortodoxa rusa.
El primer ministro y ex presidente ruso, Vladimir Putin, se inclinó ayer ante los restos de Solzhenitsin.
El jefe de gobierno había declarado que su desaparición era “una gran pérdida para toda Rusia. Estamos orgullosos de que haya sido nuestro compatriota y contemporáneo”.
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