LA LENGUA NO ES DE TRAPO

LINEA Y ALIÑO NO SON LO MISMO

En una columna de Ricardo Reilly Salaverri, aparecida en la página editorial de El País del 24 de julio pasado, el columnista se alarma y se queja por la alta frecuencia con que aparecen en los informativos de televisión Mujica y Astori, y se pregunta, casi con angustia: «¿A qué se debe tanto espacio para personajes desalineados y equivocados seculares?».

Dejando de lado la ira conservadora que trasunta la nota, me ocuparé de comentar una confusión semántica debida a un fenómeno de paronimia. (Le recuerdo que vocablos parónimos son aquellos que presentan pequeñas diferencias fónicas y gráficas apenas perceptibles pero presentan una clara diferencia semántica; por ejemplo, ‘infringir’, que significa contravenir una norma, e ‘infligir’, que significa imponer un castigo.

Empecemos por decir que ‘desalineado’ no figura como adjetivo en el diccionario, pero cualquiera sabe que es el participio del verbo ‘desalinear’, cuyo significado es «hacer perder la línea recta», y es lo opuesto a ‘alinear’, que significa «poner en línea recta». ¿Tamo de acuerdo? Bien, entonces, ¿tiene sentido decir que Mujica y Astori son personajes desalineados, cuando todos sabemos que están en perfecta sintonía con el gobierno, es decir, que están ‘alineados’ con la política que lleva adelante el gobierno?

Evidentemente, el columnista paisano ha confundido la ‘línea’ con el ‘aliño’, y quiso decir que el popular Pepe es un personaje ‘desaliñado’ (supongo que se refería a Mujica y no a Astori, que es un modelo de compostura y de aliño), crítica frecuente entre los pitucos pseudo patricios de El País, que no toleran la llaneza del Pepe ni su desprecio por los convencionalismos sociales. Ese adjetivo significa «que adolece de desaliño»; y este último sustantivo quiere decir «desaseo, desatavío, descompostura, falta de aliño», o sea, falta de «aseo, buen orden en la limpieza de cosas y lugares y en el atuendo de las personas».

En cuanto a que Astori y Mujica son «equivocados seculares», nada que objetar desde el punto de vista gramatical, pero creo que en vista de los niveles de aceptación que registra cualquiera de los dos, es una afirmación un tanto descabellada.

–Creo, amigo Mendieta, que para no perder la línea ni el aliño, tenemos que tomarnos otra, ¿no le parece?

–¡Qué lo parió!

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