Quebrado. El célebre músico argentino editó dos placas de nuevo trabajo discográfico

Pedro Aznar: "Una doble mirada, desde la raíz hacia adelante"

Pedro Aznar está de vuelta de una gripe. Estuvo llevando las canciones del flamante Quebrado por ciertas latitudes de Latinoamérica (Honduras, Costa Rica, Perú, mucho Chile) y, probablemente, el choque climático con Buenos Aires lo hizo rehén del pañuelo. Caída y recaída. «Si van a fumar, por favor en el balcón y con la puerta cerrada», sugiere, con tono más bien secón. El ex bajista de Seru Giran, se intuye fácil, es correcto y un tanto neutro para el trato con un otro que no sea íntimo.

Se cuida e impone cierta distancia. Un respeto que pretende recíproco. Una prolijidad. «Hacía dos años que venía pensando en el concepto del disco. Quería que tuviera esta doble mirada, desde la raíz mirando hacia delante», dice, con la voz tomada, ya en plan de entrevistado. Quebrado es el álbum número 17 de un periplo solista que comenzó allá por 1982 con aquel álbum de diez canciones que llevaba su nombre. Es doble y resalta una particularidad entre tantas: la parte uno, consta de canciones propias, y la dos, de temas ajenos. «Estas canciones son como mi ADN musical. Recorren una buena parte de los autores por los cuales estoy marcado profundamente», dice, sobre la parte que involucra, en doce visitas, a Sting, Spinetta, John Lennon (por dos), Nick Drake, George Harrison, Yupanqui, Sui Generis, Los Gatos, Cazuza, los Stones y Paul McCartney.

­Exceptuando «Los hermanos» de Atahualpa Yupanqui, el resto se engloba en lo que se denomina rock, en un sentido amplio. ¿Hay alguna causa en especial?

­Es que el rock es más mi impronta, es lo que más me determinó.

­Al disco uno: ¿Por qué Quebrado?, ¿es sólo por lo que dice la primera canción?

­Sí, porque se hace preguntas que de alguna manera están presentes en todo el disco, aunque desde distintos ángulos.

­»Detrás de esta máscara, hay un chico asustado…». Impacta la imagen. ¿Es nostalgia, retorno al imaginario infantil o qué?

­No recurre a la infancia, más bien ese verso se pregunta por la esencia del niño como símbolo de lo más sano de uno. No necesariamente es una nostalgia. La infancia, en definitiva, es un momento de la vida; pero el niño interior es por lo menos lo que nos gusta imaginar como la esencia más pura de los hombres. Yo no tengo nostalgia de la infancia como de la infancia en sí; pero sí de cierta visión felizmente sorprendida por la vida. Mágica. Es la percepción de que todo es una puerta que se puede abrir hacia nuevos horizontes, que con el tiempo se va perdiendo, porque uno empieza a tener una mirada menos abierta.

­¿Y el niño asustado quién es?

­El que se asusta ante la ferocidad del mundo.

­¿A qué alude la frase «nunca escuches misa en una iglesia sin historia»?

­Son todos consejos de tía vieja de suburbio (risas). «Nunca batas claras viendo tele que se cortan», «no bajes cordones en patín». El protagonista es alguien que va caminando por un barrio suburbano, sintiendo los olores, percibiendo la imagen que aún hay presente en ese entorno, pero con el contrapeso de todo lo que tiene de chato y miserable en términos espirituales. Por eso explota y se pregunta cómo salir de ahí, ¿dónde está la vida que me imaginé?… el lugar tiene magia pero también todas las pelotudeces de tía vieja. Es como una larga letanía.

­¿Es un arquetipo o una situación que le tocó vivir?, ¿tuvo una tía vieja de suburbio?

­No es por lo de tía, lo de vieja, o lo de suburbio… es una figura poética. Pudo haber sido un tío piola de algún barrio paquete, y aún así es lo mismo.

­La muerte como cuestión reaparece en «Décimas», la canción cuya autoría comparte con la cantautora chilena Elizabeth Morris: «la muerte mece su cuna». ¿La piensa?

­Más que pensarla yo a ella, la muerte me piensa a mí, a esta altura (se ríe). La idea de la eternidad típica de la juventud se me fue, para mal o para bien. Creo que haber perdido a mi viejo tuvo mucho que ver con eso, con la contundencia de la presencia de la muerte.

Puede parecer una tontería, ¿no?: qué pavo, ¿todo este tiempo te llevó darte cuenta?… pero no se trata de entender, sino de vivenciarlo. Tu padre fue quien te precedió en el camino de la vida, y verlo irse es un poco verte a vos mismo yéndote.

­Al disco dos: entre las muchísimas canciones de Charly García para versionar eligió «Canción para mi muerte». ¿Otra manera de abordar la cuestión o una intencionalidad de recuperar a un García que ya es pasado?

­No. Fue una forma de recuperar esa canción a mi memoria afectiva musical. Yo vengo de ahí…

­¿Qué siente por lo que le pasa a él, que ya lleva casi dos meses en tratamiento?

­Lo de siempre: cariño, respeto y admiración más allá de lo que haga. Lo que pueda decir yo no va a tener nada especial, más allá de que sea amigo suyo. Me da la misma sensación extraña que a todos los demás.

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