LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Sólo se adolece de cosas negativas

Leo con estupor en una contratapa de LA REPUBLICA el siguiente enunciado: «Es obvio que nuestra legislación adolece de la figura de ‘testigo protegido’, de manera que quien denuncia expone su vida».

El estupor a que hago referencia se debe a que habría que entender que la figura de testigo protegido es un defecto, algo malo, negativo, no deseable, cuando en realidad se trata de algo positivo, de un recurso policial-judicial muy útil para combatir el crimen, pues garantiza una protección especial a testigos clave de manera tal que estos no queden expuestos a la venganza del capo di maffia luego de haber testificado en su contra ante los tribunales de Justicia.

Entonces, si no es un defecto, es un disparate decir que nuestra legislación adolece de ese recurso. La semántica del verbo ‘adolecer’ no admite ambigüedades ni interpretaciones anfibológicas; por el contrario es muy concreta y precisa: ‘adolecer’ ­seguido de la preposición ‘de’­ significa «tener o padecer algún defecto». De donde se colige fácilmente que adolecer de una virtud es ni más ni menos que un contrasentido. En el caso que nos ocupa, habría que decir que nuestra legislación adolece de falta de protección a los testigos.

Sospecho que el yerro se debe a que suele confundirse este verbo con ‘carecer’, como si fueran sinónimos; porque sí puede decirse con toda lógica que nuestra legislación ‘carece’ de la figura de testigo protegido, pero no que adolece de ella. Se puede decir que nuestro sistema judicial adolece de lentitud o de burocracia; y que carece de ciertas herramientas útiles a la investigación.

Se puede, pues, adolecer de soberbia, de ignorancia y en general de cualquier otro defecto o mal. Pero no digamos que alguien adolece de coraje cuando queremos expresar que es un cobarde, ni que otro alguien adolece de dinamismo si nos proponemos decir que es un abúlico; digamos que carece de coraje (o que adolece de cobardía), y que carece de dinamismo (o que adolece de abulia).

–En este momento yo estoy adoleciendo de falta de grapa, así que ya sabe, Mendieta, mande la vuelta antes que me venga el síndrome de abstinencia.

–¡Qué lo parió!

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