Eminem, Radiohead, Lou Reed, Neil Young y otros

Los discos de rock del 2000

Sigue un factible balance, que se abre hacia el lector como guía para adherir o disentir.

Prolífica, plural, hábil y a la vez inteligente el tremendo aparato industrial de la música pop y rock promovió en el transcurso de esta temporada discos sobresalientes, muy buenos, medianos, correctos y asimismo discos para el mejor de los olvidos aún cuando hayan tenido el soporte de una alta taquilla, una característica esta última que no es nada nueva para discográficas que se manejan con impecables estrategias de marketing y de difusión.

Lo cierto es que, más allá de tales consideraciones, existieron ediciones discográficas de indudable espesor, solvencia y alto vuelo resolutivo y acaso, en el arranque de este posible balance, se podrían situar en una misma escala de excelencia a cuatro o cinco propuestas que a nuestro juicio serían seguramente lo más trascendente del 2000: The Marshall Mathers, de Eminem, convirtió a su compositor y a su personaje Shady en el rey auténtico de hip-hop con una propuesta brillantemente provocadora.

Los Radiohead, en cambio, se despacharon con un asombroso disco experimental denominado Kid A con toda la banda realmente inspiradísima y un Thom Yorke cada vez más cantante y más poeta.

Otro poeta, Lou Reed, quien estuvo en Montevideo para gestar el mejor show del año, con Ecstasy volvió a su mejor cuerda con una lírica de atmósferas graves y dos escuderos notables como Mike Rathke (guitarra) y Fernando Saunders (bajo).

Neil Young publicó el excelentísimo Silver And Gold, un giro conmovedor hacia una articulación folk y sus espléndidas baladas rotas.

Finalmente, para cerrar el podio, dos propuestas disímiles pero superlativas: la del británico Richard Ashcroft quien parió un disco monumental como Alone With Everybody, justificando en forma sobrada las razones de su alejamiento de su ya ex banda The Verve y, por otra parte, Machina-Machine Of God con un Billy Corgan al frente de un proyecto formidable.

Y anótese también: la consolidación como compositor valiosísimo de Jakob Dylan (con sus Wallflowers) en el confesional Breach. La mejor banda sonora de filme: Magnolia, de la película homónima de Paul Thomas Anderson, con las estupendas y poéticas canciones de Aimée Mann.

 

Otras ediciones importantes

El regreso de Steely Dan fue una forma de la dicha y de la belleza, de la inteligencia y las finezas con Two Against Nature. Otros regresos en muy buena forma: el de la sensible, impecable y versátil PJ Harvey con su disco Stories From The City, Stories From The Sea con canciones de una letrística conmocionante y un invitado de lujo como Thom Yorke (Radiohead).

El de los irlandeses U2 con All That Can’t Leave Behind, todo un regreso a las fuentes de Bono y los suyos que de algún modo evoca a The Joshua Tree; Paul Simon con un valioso aporte en You’re The One, mientras que el británico Peter Gabriel reapareció con el sofisticado y ambicioso Ovo The Millenium Show. Pese a la muerte de Mark Sandman, no obstante los fundamentales Morphine habían grabado un grupo de canciones y el disco es excepcional y excitante: The Night.

Los también británicos Oasis saltaron al ruedo por dos: críticas divididas para los popes del brit-pop por Standing On The Shoulder Of Giants y avasallantes en el impresionante registro en vivo en Wembley de los hermanos Gallaher y compañía por Familiar To Millions.

Un grupo de cualidades solventísimas y en ascenso, que fresca y furiosamente recogen la antorcha punkie: los Millencolin y su más que atrayente Playbridge Pioneers; otros veloces como Green Day editaron Warning, un disco de menor calado a la obra anterior, pero que no deja de poseer interés.

 

Otras propuestas

Los ilustres BB King y Eric Clapton se reunieron para viajar por el blues en el seductor Riding With The King. En el otro polo Madonna volvió rejuvenecida con Music y, en una escala menor, Tracy Chapman mostró sobriedad y un trabajo en base a variaciones sobre su obra en Telling Stories.

Los Cure se mostraron correctos, casi como retomando sus más hondas proposiciones estéticas en Bloodflowers y Limp Bizkit y su verborrágico líder Fred Durst publicaron su tercer disco, Chocolat Starfish And The Hot Dog Flavoured Water, con críticas divididas; mientras que al final del año irrumpió implacable Marilyn Manson con Holy Wood (In The Shadow Of The Valley Of Death) y Macy Gray parió un delicioso disco funkie & soul con toques raperos en On How Life Is.

Dos discos por encima de lo correcto: el Return To Saturn de los ya maduros No Doubt y The Offspring, saliendo del mal paso anterior con Conspiracy Of One.

En cuanto a bienvenidas «rarezas», si así puede llamárselas, subrayamos: One, con todos los temas Los Beatles –los más grandes del siglo XX– que fueron número uno en los rankings de venta. Los impresionantes From Here To Eternity, registro en vivo de los Clash, la mejor banda de la generación punk y una de las decisivas de toda la historia de la cultura rock.

Asimismo: el excelentísimo registro en vivo de The Wall: Is There Anybody Out There? de los extraordinarios Pink Floyd y los Essential Rarities de los emblemáticos The Doors.

Por último, los que decepcionaron: Kid Rock con su History Of Rock. Bon Jovi con Crush o Pearl Jam con Binaural. Ni hablar de los discos de la Spears, Christina Aguilera y todo el insufrible universo de la música para robotizar o idiotizar adolescentes.

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