Pleonasmos
En un suelto editorial de El País puede leerse el siguiente enunciado:
«En sus denuncias, en las que no falta la nada elegante palabra ‘joda’, Rossi añade que las decisiones de sus antecesores perjudicaron al erario público en beneficio de los privados».
El matutino de la Plaza Cagancha se agravia de que el ministro Rossi emplee la palabra «joda» que, a juicio del editorialista, carece de elegancia. Sin embargo, mucho más grave que dicho vocablo es el pleonasmo en que incurre el escriba. ¿Y qué es un pleonasmo? Es una «figura de construcción que consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para el recto y cabal sentido de ella», según la inapelable definición de la Academia; el ejemplo característico es la oración «Lo vi con mis propios ojos», en la que sobra «con mis propios ojos» ya que es difícil ver alguna cosa con ojos ajenos o con otro órgano que no sea el de la visión.
Pero hay más casos: Con la ropa manchada de «negro carbón» (¿Puede acaso ser polícromo el carbón?). Cubierto de «blanca nieve» (o es blanca o no es nieve); «árbol de tronco leñoso» (tener tronco leñoso es propiedad exclusiva de los árboles); la carreta tirada por «pesados bueyes» (no conozco ningún buey liviano); fue un «olvido involuntario» (si interviniera la voluntad, ya dejaría de ser olvido); etcétera, etcétera.
Entre estos etcéteras, incluyamos la expresión «erario público». ¿Y por qué? Pues porque el sustantivo erario es sinónimo de «hacienda pública» y designa también el «lugar donde ésta se guarda». ¿Y qué quiere decir la expresión «hacienda pública»? Es el «conjunto de haberes, bienes, rentas, impuestos, etc., correspondientes al Estado para satisfacer las necesidades de la nación». La propia idea de erario lleva implícita la cualidad de público, por lo que este último adjetivo nada agrega a la comprensión del concepto.
Para resumir, recordemos que el erario siempre es público, y que sería un contrasentido hablar de «erario privado».
–Pleonasmo, esa sí que es una palabra elegante… Pero volviendo al tema, yo, pa no ser pleonástico, nunca pido grapa de orujo, porque con decir grapa alcanza, ¿verdá?
–¡Qué lo parió!
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