Se multiplican las ediciones de artistas nacionales

Más de 35 discos en 3 meses

Por supuesto hay diferencias en los comportamientos de los distintos sellos discográficos. Si, por ejemplo, para alguna multinacional su catálogo de artistas nacionales no resulta especialmente prioritario ante el peso que tienen sus artistas extranjeros, el caso de, digamos, Ayuí es diametralmente opuesto ya que para este último sello las cartas, fuertes o no, son casi exclusivamente nacionales.

O sea que dependiendo del perfil de cada sello (sus dimensiones, su catálogo, sus intenciones empresariales o la ausencia de estas), la presencia de artistas nacionales podrá o no verse reforzada para estas fiestas.

 

El mercado uruguayo

La mayor parte del dinero que se mueve cada año en el rubro música en Uruguay corresponde a la creación de artistas extranjeros y sólo una pequeña proporción corresponde a artistas nacionales.

Justamente con algunos datos sobre estas proporciones, está circulando en los correos electrónicos de la gente vinculada a la cultura una carta del ex director de Acción Cultural de la IMM, Gerardo Grieco, quien después de señalar que el 75% del dinero que genera la música en Uruguay cada año se va para el exterior, exhorta a los consumidores de música a comprar lo producido por artistas nacionales.

Grieco apunta que la desigualdad señala surge de que los artistas nacionales no compiten en un mercado libre y transparente y sistemáticamente juegan en inferioridad de condiciones frente a los artistas del exterior.

La carta señala que basta con que un uno por ciento de ese monto que se va al exterior quede en Uruguay, para que 250 mil dólares sean volcados a los músicos nacionales.

Frente a la dramática exposición de Grieco y su algo ingenua solución (algo así como «comprelo porque es nuestro»), quizá valga la pena rastrear cuáles de esos artistas locales son editados en estas fechas.

Y también a quienes, ante la realidad señalada por el ex jerarca municipal, optan por constituirse en su propio sello y editar su material en forma absolutamente independiente.

 

Multinacionales

Una de las ediciones más fuertes del cierre del 2000 fue el disco Quien va a cantar de Ruben Rada. Distribuido por el sello Universal, el trabajo contó con la producción del ex Abuelo de la Nada, Cachorro López (responsable también del último Diego Torres) y es el trabajo más pop de Rada a la fecha. En una reciente entrevista, el músico comentaba que el proceso de selección de material había dejado fuera buena parte del material que presentara a López antes de comenzar la grabación.

El propio Rada, devenido productor, acaba de editar en su sello Discos Zapatito (responsable del más reciente trabajo de Samantha Navarro, Tengo recuperación), el último trabajo de Martín Buscaglia, Plácido Domingo. Ambos discos cuentan con distribución Universal.

Otro que salió en fechas recientes con apoyo multinacional fue Jaime Roos, quien editó Contraseña, disco en donde versiona canciones de músicos clave de la historia sonora reciente (y no tanto) del Uruguay. El trabajo de Roos ha recibido críticas desparejas en nuestro país pero en Argentina ha sido recibido con sumo beneplácito, coincidiendo con la edición de la mayor parte de sus trabajos de mediados y fines de los ochenta.

Warner, en cambio, no editó ningún disco uruguayo durante 2000. La edición más próxima es el futuro trabajo de Laura Canoura destinado al mercado latinoamericano, para marzo o abril de 2000.

La brevedad de esta sección de la nota da cuenta de la notoria retirada de los sellos multinacionales en lo que refiere a artistas nacionales, quedando solo en catálogo aquellos de mayor trayectoria y reconocimiento.

 

Sellos nacionales

El sello Bizarro ha sido uno de los que ha captado a varios de los máximos exponentes de la canción local. El fin de año del sello estuvo marcado por cinco trabajos editados casi en simultáneo. Primero, Esencia precisamente de Laura Canoura, una suerte de disco no oficial destinado solamente a Uruguay, previo a la edición por Warner de su nuevo disco «oficial».

Bizarro también fue responsable de la edición de Zitarrosa en vivo en Santiago de Chile, un documento único de la última actuación de Alfredo Zitarrosa en vivo, en 1988.

Ya en pleno diciembre apareció Noche de rondas de José Carbajal El Sabalero, interpretando clásicos del bolero y la canción ranchera en un disco que fuera presentado hace pocos días en el Teatro El Galpón.

Luego del éxito del disco Buitres Diez Años (que alcanzó las 6.000 copias vendidas en poco más de ocho meses), Bizarro decidió editar rápidamente Buitres Diez Años II, un trabajo por el que también apuesta fuerte y que puede ampliar aún más la ya gran popularidad de Buitres.

Finalmente, a mediados del último mes del año, los sellos Bizarro y Koala aunaron esfuerzos para editar Perdidos, compilado que reúne a varias de a las nuevas bandas Loop Lascano, Kato, Camote, Cuarto Poder, Pólvora en Chimangos, Gnomos y Samurai Porno, con un par de remixes de Sordromo y Elefante como plus.

El sello Koala, especializado en el rock vernáculo y sus adyacencias también editó cuando menos dos trabajos de interés en fechas recientes. En primer lugar, el disco Cortamambo de Cuarteto de Nos, que fuera editado en el último tercio de año con sus tradicionales canciones ácidas y divertidas. En segundo lugar, el debut oficial de la banda Sordromo con Aquí… ahora, editado en las mismas fechas, combinando pop y distorsión.

Junto al sello Sondor, LA REPUBLICA editó el disco A Don José Artigas, compilado por Tabaré Petronio, un trabajo que alcanzó el disco de oro con más de 4.500 copias vendidas. Sondor editó, por su parte, dentro del rock local, el segundo trabajo de los punkies La Sangre de Verónika.

Ayuí Tacuabé editó también una media docena de discos importantes en el cierre de este año. En primer término, reeditó Mateo & Cabrera, el registro de los recitales que ambos músicos realizaron en 1986, probablemente uno de los discos clave de la música uruguaya de los últimos veinte años. Numa Moraes y su disco Norte, una antología de su ya extensa trayectoria, fue otro de esos trabajos importantes. También apareció el primer registro discográfico de la Tribu Mandril, el grupo de percusión liderado por Nicolás Arnicho que con creciente regularidad puede ser visto en vivo en Montevideo.

Para cerrar 2000, Ayuí acaba de editar el disco A dos voces, que Daniel Viglietti y Mario Benedetti grabaran en 1984 y 1985, en vivo en el Estadio Obras Sanitarias de Buenos Aires y el Cine 18 de Julio de Montevideo. La reedición incluye dos bonus tracks.

Importante también es la edición del primer trabajo como solista del bajista Popo Romano, Cuarto de Música, grabado sobre la base de su grupo Bajos Instintos y numerosos invitados de relieve.

El regreso de Contraviento con su disco Contraviento en la calle y la feliz unión de Mauricio Ubal y la murga Contrafarsa para producir Once canciones en el área, disco futbolero si los hay, son otros dos puntos de interés dentro del renovado catálogo de Ayuí.

El Canto del Payador de Carlos Molina y el disco Mutábile de Renée Pietrafesa completaron las ediciones del principal sello especializado en música nacional.

El sello Obligado, que divide sus esfuerzos en varios géneros, editó dentro del rock local el último trabajo de Claudio Taddei, Espantapájaros y el regreso d
el sonido pop de Los Vidrios. También el funk de La Galponera Soul con su disco Con los pies en la tierra, la salsa de Patakin con su segundo trabajo Salsalada, algo de murga con trabajos de Araca La Cana (65 años), Canario Luna (Por la vuelta) y La reina de La Teja (Siempre reina).

Obligado también sacó a la calle candombe y música popular más bien tradicional con Antología del candombe (disco doble), Desde Uruguay Bis y Antología del Uruguay I y II.

Dentro de la movida de música tropical, este fue un buen año para el género, ya que varios de sus discos alcanzaron altas cifras de ventas para el medio. Obligado fue uno de los sellos responsables de estas bandas: Monterrojo (disco de platino con su Te queda grande) y el mix Fuego contra fuego que incluye a Nietos del Futuro, Monterrojo y Chocolate.

Y aunque no editaron disco en los últimos meses, es necesario mencionar a Los Fatales, sin duda en su mejor año en lo que refiere a popularidad, siendo los responsables del disco más vendido de 2000, Revolución fatal.

 

Independientes 100%

Los casos de ediciones absolutamente independientes son cada vez más frecuentes. Los motivos son varios y casi siempre de signo negativo. Cuando una banda o un solista debe encarar la tarea de grabar, editar y distribuir su trabajo, en primer lugar piensa en un sello discográfico.

En ocasiones encuentra cierta respuesta de parte de sellos locales o internacionales. Pero en ocasiones la situación (escaso interés en su propuesta, malos contratos, escaso compromiso de parte del sello en lo que refiere a difusión) lleva a los músicos a plantearse la posibilidad de ser ellos mismos su propio sello.

En forma poco perceptible para el público de disquerías y shopping centers, existe una gran cantidad de discos que, en pequeñas partidas y con mínimos recursos involucrados, son editados por los propios autores e intérpretes. Esto ocurre en el rock, en la música popular y en la música folclórica.

De hecho, buena parte de la música nacional es grabada, editada y distribuida por los propios músicos.

Tres casos recientes, todos de distintos géneros, son los discos del Grupo Horizontes, Fernando Torrado y la banda rockera Snake.

Horizontes editó hace pocos días su trabajo Música Latinoamericana, realizando versiones de temas de autores como Ruben Rada, Numa Moraes, en una edición realizada por el propio grupo, que contó con el patrocinio de varias instituciones.

Otro tanto ocurrió con Fernando Torrado Parra y su trabajo Bossa nova, gracas a Deus, que contó con el apoyo de al menos cuatro instituciones.

Algo distinto es el caso de Snake y su Dos pasajes paramarte, quienes debieron hacer las cosas solitos, sin apoyo de ninguna clase. La duda de Snake fue más o menos la siguiente: ¿qué nos puede dar un sello local que no podamos hacer nosotros? La respuesta fue realizar el disco debut por cuenta propia, en todas sus etapas: grabación, edición y distribución.

 

Las apariencias

Aunque en esta nota aparezcan mencionados más de 35 discos, no es posible saber si eso es mucho o es poco respecto al total editado en los más o menos tres meses tomados como marco. Sería necesario hacer un recuento de cuántos artistas no nacionales fueron editados (o importados sus discos) en el mismo período.

Sólo así se podría comprobar si los datos que menciona Gerardo Grieco se vieron modificados por este aparente aluvión de ediciones nacionales. Y aun así, no habría una respuesta contundente: que los discos sean editados no quiere decir que sean vendidos en grandes cantidades.

Es probable que, a pesar de las apariencias, el 75% del dinero que generan las ventas de discos en Uruguay siga siendo transferido al exterior. Y es probable que la gente siga manteniendo sus hábitos de consumo a pesar de los pedidos de que compre música nacional.

En realidad, la gente compra lo que mejor le parece. En todo caso, habría que ver cómo se construye ese parecer y entonces, quizá, ofrecerle productos que atrapen ese «gusto» y, a la vez, lo transformen.

Una tarea nada fácil por cierto, que constituye un serio desafío para la continuidad de propuesta de los artistas nacionales.

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