Nos reímos de la crueldad
¿Cuénteme del proyecto que viene realizando?
Estoy en el grupo Desafinados, que se llama así porque cada uno toca su propia música. En un primer momento, como cada uno se formó en diferentes lugares eran distintas melodías. Parecía un gran sonido disonante, era cualquiera. No quiero decir que ahora no pase, pero buscamos una melodía en común. Igual queremos mantener el desafine. Ese es nuestro gran desafío, tratar de hacer talleres que vayan hurgando de qué manera se puede ir trabajando desde las diferentes disciplinas que compone el teatro. Mediante un texto, una música, un movimiento, tratamos en «Código de barra» de enfocar todo desde el lado de la crueldad. Todas esas cosas que nos pasan y que, después de sufrirlas, con el paso del tiempo nos hacen reír. Realizamos esta muestra al borde de lo profesional, porque esa palabra está casi mal vista. Pienso que eso está bien porque se ha confundido, a lo largo del tiempo, que si no cobrás no sos profesional. Es tan difícil cuando uno empieza en el teatro saber soportar que, a veces, no cobrás y hasta tenés que pagar. Como los precios que uno afronta en la vida para lograr lo que se quiere son altos, de esto se trata nuestra propuesta. Estamos todos pasados por una registradora, estamos etiquetados. Fulano es petiso, pelado, etcétera. Como todos tenemos un código, tratamos de buscar, de todos estos códigos dispares uno en común, una barra común. Que cada uno vaya buscando con qué identificarse.
¿Por qué todo enfocado desde lo cruel?
Porque esencialmente nosotros creemos que somos crueles. Cuando se cae una señora y nos reímos, cuando sube una embarazada al ómnibus y no le damos el asiento, con nosotros mismos, etcétera. Ante eso hay que hacer una buena autocrítica, desdramatizar, buscar la enseñanza que hasta lo peor trae.
Compartí tu opinión con toda la comunidad